Soberanía frente al colonialismo

Así te pienso, Willie

Por Wilda Rodríguez, periodista

Un día, William Miranda Marín se dio cuenta de que lo que sabía no era suficiente. Se le agotaban los recursos intelectuales para lograr las cosas que su imaginación exigía para sí mismo y para el País. Las fórmulas que conocía no funcionaban. Entonces se abrió a aprender de nuevo y a buscar las respuestas desde tábula rasa, sin preconcepciones, sin prejuicios.
Miró hacia afuera y se bebió con fruición todo lo que había pasado por alto de la historia, la política ilustrada, la experiencia de otros. Asumió sus propias contradicciones. No reparó en reconocer la necesidad de recomponer su pensamiento. Empezó de nuevo.

Se necesita la humildad de la verdadera sabiduría para emprender ese camino de transformación ética y política.

Willie Miranda Marín era un tipo exitoso en su derecha ideólógica. Un general del ejército más soberbio del mundo, un empresario triunfante del capitalismo más feroz, un burócrata de gobierno burgués, un perito en autoridad vertical, líder de un partido endiosado. No necesitaba nada para culminar una vida de auge y comodidad. ¿O sí? Willie Miranda Marín murió el viernes siendo el gobernante eméritus de un país posible. Terminó como portavoz de la horizontalidad, la democracia participativa, la distribución equitativa de bienes, los derechos inalienabes a la educación y la salud pública, un enfoque salubrista para la violencia y la drogadicción, una revolución agroindustrial, la ruptura con nuestro modelo económico y político vigente, y sobre todo, como portavoz de la soberanía política como herramienta indispensable para construir el proyecto colectivo de un pueblo.

Ésa -la soberanía- fue la última pieza que encontró Willie para armar el rompecabezas del país posible. Se dio cuenta de que todo lo demás no era culminable sin esa pieza. Por eso fue su última propuesta. La más grande.

En su última cátedra pública -a los estudiantes en huelgaWillie Miranda Marín convida a expresar la indignación de pueblo contra el gobierno uniéndonos como cuando Vieques.

El que una vez estuvo a favor de la permanencia de la Marina en Vieques, con mucha naturalidad nos convoca a repetir lo que en otro día no creyó. Eso se llama apertura, nobleza y buena fe.

El legado ético y político de Willie no se limita a sus propuestas concretas. Va mucho más allá de eso. Empieza por una transformación de la que son incapaces la inmensa mayoría de los seres humanos que se consideran realizados.

Particularmente los políticos electorales. Ésos que definen la política como el arte de la conveniencia y el triunfo electoral.

Aquéllos cuya prioridad es ganar primero y pensar el país después. Aquéllos que ya se las saben todas y menosprecian el nuevo aprendizaje.

El reto es a mirarse por dentro y ver qué es lo que le falta para pasar a la historia como Willie Miranda Marín. Hay una diferencia entre morir y ser recordado como un político eficiente, inteligente y hasta bueno, o morir con la gloria de Willie, un político exitoso transformado en un político insigne e inmortal.

El reto es crecer y crecerse.

Un día, William Miranda Marín miróse por dentro y encontró lo que le faltaba y lo que tenía. Le faltaba ilustración política amplia para encauzar lo que la imaginación como ser inteligente y decente le evidenciaba y le reclamaba. Encontró lo que tenía: honestidad y ganas. Honestidad para enfrentar la verdad y ganas para cambiarla.

Así te pienso, Willie.

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