Soberanía frente al colonialismo

La solución del conflicto en la UPR

Por Efrén Rivera Ramos, Catedrático de Derecho

No sé cuán próximo estará el reinicio de las labores académicas en la Universidad de Puerto Rico. Sí estimo que ese debe ser el objetivo central de todas las partes involucradas en el conflicto huelgario.
La urgencia de llegar a una solución, sin embargo, no debe conducir a dar por buena cualquier solución que se proponga. Habrá que evaluar las propuestas con cuidado para que a la larga no resulten inefectivas. Sobre todo, no se deben ensayar tomaduras de pelo a nadie, mucho menos a los estudiantes en lucha. Si así fuera, la comunidad universitaria quedaría lacerada durante muchos años. El manejo del conflicto sólo puede ser eficaz si se realiza a partir de un entendimiento genuino de las inquietudes de los estudiantes. Debe tenerse también la voluntad de encaminar un proceso que se haga cargo tanto de los problemas inmediatos como de los de largo plazo.

A mi juicio, la superación de la coyuntura actual debe pasar por el reconocimiento de las premisas siguientes: Primero, los reclamos de los estudiantes son legítimos. Algunos se refieren a asuntos muy específicos, como la derogación de la certificación de la Junta de Síndicos que elimina para muchos la posibilidad de acceder a exenciones de matrícula por diversos motivos. Otros son de alcance más amplio, como el requerimiento de que se le devuelvan a la UPR los dineros que se le han negado por virtud de la Ley 7 y otras medidas legislativas y ejecutivas. Lo cierto es que a la UPR se le han reducido sus recursos en exceso de lo que le correspondería como producto de la crisis económica que nos afecta a todos.

Otras demandas son de calado más hondo todavía: la defensa del concepto mismo de la universidad pública y, con ella, la protección y ampliación del acceso a la educación universitaria de los sectores más desaventajados.

Con exigencias tan meritorias, lejos de acusarles, intimidarles y reprimirles, a los estudiantes se les debe agradecer su valerosa gestión.

Segundo, la única solución radica en el diálogo y la negociación. Partir de la posición de que con los estudiantes que protestan no se debe negociar es hincar la cabeza en el suelo para no ver los procesos reales que se desarrollan ante nuestros ojos. Esa actitud nos aboca irremediablemente al camino de la violencia como modo de resolver los conflictos universitarios. Y eso, estoy convencido, ni la comunidad universitaria ni el pueblo de Puerto Rico lo quieren, independientemente de las posiciones políticas de cada cual. El retiro de la fuerza policíaca de las inmediaciones de los recintos debe tener la más alta prioridad.

Tercero, la defensa de la universidad pública debe convertirse en objetivo continuo de todos y todas, más allá de la solución del conflicto inmediato. Ello requiere un compromiso sin ambages de la administración, los docentes, los empleados no docentes y los estudiantes. Nadie debe incurrir en la ingenuidad de creer que las amenazas que se ciernen sobre la universidad de todas y todos los puertorriqueños desaparecerán cuando se abran los portones de la institución. Hay indicios claros de que ciertos sectores no aprecian lo que la UPR representa para nuestro país y que preferirían verla disminuida y en desventaja frente a las instituciones privadas.

Cuarto, una vez concluida la huelga, tampoco se desvanecerán los retos económicos de la institución. Enfrentarlos requerirá que se fomente la mayor de las transparencias, haciéndole llegar a toda la comunidad universitaria la información necesaria para que todos y todas entendamos a cabalidad la situación. Más aún, las soluciones a los problemas planteados por las dificultades fiscales deben contar con la participación más amplia posible de todos los sectores de la comunidad académica.

Un grupo de decanos del Recinto de Río Piedras ha circulado una propuesta que se inspira en algunas de estas premisas. Es un buen punto de partida.

Estoy seguro que surgirán otras. Conviene evaluarlas con detenimiento hasta dar con la clave del destranque.

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