Salud universal, Soberanía frente al colonialismo

El “general” boricua de la reforma de salud

Por José A. Delgado, publicado por El Nuevo Día el 14 de marzo de 2010

Dennis Rivera, para muchos el puertorriqueño de mayor influencia en los grandes debates de Washington, todavía apuesta a que se aprobarán los cambios en el sistema federal de salud

WASHINGTON, Dennis Rivera vive entre las paredes de un “cuarto de guer ra “… cuando no está de viaje.

Es una guerra en la cual su unión, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (SEIU), se ha colocado, desde el inicio, en el frente de batalla.

Tanta relevancia le ha dado la SEIU a la lucha a favor de una reforma de salud que Rivera, presidente de la central Healthcare/SEIU, mudó sus oficinas de Nueva York a Washington D.C.

Aquí instaló el mismo concepto de “war room” o centro de comando estratégico por el cual su antigua unión neoyorquina, la 1199 de trabajadores de la salud, se convirtió en la maquinaria de movilización política más poderosa del estado de Nueva York.

Los “cuartos de guerra” de la SEIU son oficinas de estrategias con capacidad para generar millones de llamadas telefónicas en un día, movilizar personas e influenciar en cuestión de minutos cualquier debate.

Comandados por Rivera, los “cuartos de guerra” de la SEIU se multiplican. Ya hay 37 en todo Estados Unidos. Y son una confirmación de por qué para muchos políticos demócratas, los miembros de la SEIU -con 2.3 millones de trabajadores, 1.2 millones de ellos bajo la sombrilla de Rivera- constituyen sus tropas de campaña.

La dinámica usual en Washington es que los políticos de la Isla llegan en busca de que un alto funcionario del Gobierno federal le atienda por unos minutos.

En el caso de Rivera, es más probable que un alto funcionario federal sea el que se le acerque y le pida una audiencia con la esperanza de que le ayude a reunir votos en el Congreso sobre la reforma de salud u otra legislación.

Es un universo que quizá jamás imaginó aquel joven que debutó en la política en 1968 “cantando”, en el comité del Partido Nuevo Progresista (PNP) de Aibonito, los resultados de las elecciones en que Luis A. Ferré ganó la gobernación.

Y al cual la era del servicio militar obligatorio, la efervescencia de la guerra de Vietnam y la lucha en contra de los entrenamientos militares en Culebra lo encauzó por otra vereda muy diferente, llevándolo a vincularse al Partido Independentista y más tarde al Partido Socialista, donde comenzó una carrera como organizador sindical que desarrolló en Nueva York.

En 1989, fue elegido presidente de la 1199. Y desde 2007 preside la central nacional de los trabajadores de la salud de la SEIU.

El presidente de la SEIU, Andrew Stern, describió a Rivera en 2009 -en un artículo publicado por el diario “The New York Times”- como el “general (David) Petraeus” de la reforma de salud, en referencia al alto militar estadounidense que comandó la escalada de la guerra de Irak.

La atención de Rivera ha estado 24/7 en la reforma federal de salud, que ha llegado a su momento culminante en el Congreso y cuya suerte se tiene que decidir a más tardar en abril.

Muchos piensan que usted es el puertorriqueño de mayor poder político e influencia en Estados Unidos.

No creo que eso sea cierto. Pero, me imagino que harán ese análisis por el hecho de que tenemos probablemente la organización políticamente más vibrante de Estados Unidos y dirijo 1.2 millones de trabajadores de la salud, en momentos en que la salud es una de las industrias más poderosas sino la más poderosa en Estados Unidos.

El Gobernador viene a Washington a buscar audiencias. A Dennis Rivera se le ve en la Casa Blanca organizándole una conferencia de prensa a Barack Obama en la que la industria se compromete a reducir el costo de los servicios de salud, en negociaciones directas con el Senado y en el pasado en la oficina de la entonces primera dama Hillary Clinton buscando terminar con los entrenamientos militares en Vieques.

No estoy en esas reuniones representando a Puerto Rico, sino a mi institución, los trabajadores y la industria de la salud. Evidentemente, soy puertorriqueño, y a orgullo lo tengo.

Usted dice que el poder descansa en su organización. Pero, es un hecho incuestionable que usted ha tenido mayor acceso a las negociaciones de la reforma de salud que ningún otro boricua, sea el Gobernador, el Comisionado Residente o congresista.

Me imagino que eso debe ser cierto.

Pero, tengo que recordar que hemos tenido un rol prominente desde el inicio del debate sobre la reforma de salud. Le exigimos a cada candidato presidencial un plan de salud universal que pudiera controlar los costos de los servicios si querían tener el apoyo nuestro. En las pasadas elecciones gastamos más de $150 millones y movilizamos a sobre 200,000 trabajadores a las campañas.

Como hemos sido constantes en el debate sobre la reforma de salud, los oficiales electos nos conceden un valor moral muy grande.

¿Se separan entonces en estos debates la SEIU y el puertorriqueño Dennis Rivera de Aibonito? Tengo que lograr primero que la SEIU discuta los asuntos. En el tema de Vieques, la SEIU y sus organizaciones contribuimos con cientos de miles de dólares, la organización de una marcha y el pago legal del caso judicial de Robert Kennedy, hijo, ante el juez federal Héctor Laffite, que fue un desastre. Eso se logró a base de conversaciones con nuestros compañeros estadounidenses, que coincidieron en que los entrenamientos de la Marina en Vieques eran injustos. Somos una organización internacionalista. Acabamos de donar $1 millón para ayudar a Haití.

¿Se logrará convertir en ley una reforma de salud? Sigo esperanzado. Esto tiene que pasar, debido al mecanismo de reconciliación fiscal que se quiere utilizar, antes de que concluya abril. Llevamos muchas fechas límites desde los primeros 100 días de Obama. Pero, las fechas límites se han acabado.

¿Es posible incluir en esta etapa a Puerto Rico en el centro de intercambio de seguros? Eso puede ser en este momento una falacia. Pero, será el parlamentario del Senado el que determinará si lo que se incluye en la legislación cumple con las reglas de cómo se usa el proceso de reconciliación fiscal. Estamos en un momento bien técnico y hay fatiga en el Congreso en torno a este tema.

¿Qué factores decidirán la suerte de la legislación? En última instancia los demócratas van a tener que decidir si les favorece o les perjudica, de cara a las elecciones de noviembre, aprobar esta legislación.

¿Y les conviene? Después de que los activistas de su partido han estado por dos años movilizándose, si los demócratas – con una mayoría de 258 miembros en la Cámara (de 435) y 59 de 100 senadores no pueden pasar esa legislación, será un desastre para ellos y los republicanos se habrían salido con la suya.

¿Y por qué Puerto Rico puede quedarse con una oferta mucho menor a la aprobada en la Cámara baja? Es consecuencia de la condición colonial de Puerto Rico.

¿Usted coincide con Fortuño en que no hay paridad en programas federales de salud sin la estadidad? Puerto Rico es una colonia, pero la solución que él (Fortuño) quiere no es la que le conviene a Puerto Rico. Nuestro objetivo ha sido que se utilicen los nuevos recursos que pueda proveer la reforma de salud en Estados Unidos para reformar completamente el sistema de salud en Puerto Rico.

¿Pero, cree que Obama cortó fondos a Puerto Rico y los territorios por la falta de poder político? Una vez se decide que el proyecto no va a costar más de $950 millones al año, Puerto Rico no tenía representación política para avanzar sus propuestas..

Sólo puede suplicar.

¿Metió las manos en el proyecto de status 2499 y ayudó a detenerlo? Nuestra organización tuvo un momento bien difícil con los despidos. La misión principal de nuestra organización es salvar los empleos de nuestros afiliados. Compañeros nuestros le dejaron saber a los líderes del Congreso que entendíamos que era importante que el señor Fortuño atendiera los reclamos de los trabajadores en torno a los despidos del Gobierno y que hasta tanto se lidiara con eso que el Congreso no debería considerar legislación que le fuera simpática al señor Fortuño.

Eso ocurrió en 2009 y el proyecto se detuvo entonces.

Eso dicen.

¿Y esa posición se mantiene? No nos hemos vuelto a comunicar con nadie para que aprueben o desaprueben ese proyecto.

¿En alguna medida los acuerdos sobre los conserjes del Departamento de Educación de Puerto Rico cambiaron la posición de la SEIU sobre el gobierno de Fortuño? El señor Fortuño vino a vernos. Se discutió cómo aminorar los despidos.

Eran cerca de 5,500 empleos de trabajadores de la SEIU que se iban a perder. Al mismo tiempo, vino a solicitarnos apoyo para la inclusión de Puerto Rico en la reforma de salud.

Roberto Pagán, el presidente de la SPT, ha dicho que se acordó el apoyo de la SEIU a los esfuerzos de Puerto Rico en la reforma de salud como parte de la negociación que le salvó los empleos a los conserjes del Departamento de Educación.

Difiero de Roberto. El acuerdo se dio porque significaba un ahorro para el Departamento de Educación. Se dio una discusión que nunca se condicionó al tema de la salud o status.

Pero, el Gobernador dijo que vino específicamente a esa reunión a buscar el apoyo de la SEIU en torno a la reforma de salud.

Eso es cierto. Pero, no se debe mezclar la gimnasia con la magnesia. Los acuerdos con Educación se basaron exclusivamente con lo que estaba pasando en Educación, donde el departamento renuncia a privatizar los servicios y a cambio los trabajadores accedieron a reducir sus salarios en 5% y su jornada en media hora. Así el Gobierno dijo que se ahorraba $45 millones. Fue una ventana que podían aprovechar otras organizaciones para detener despidos.

¿Por qué no avanza aquí el debate de status? Porque no hay consenso en Puerto Rico. Vienen aquí los políticos, particularmente estadolibristas y estadistas, a cancelarse unos a otros. No hay ningún interés de otorgar la estadidad.

¿No llega pronto la estadidad? Ni pronto ni más tarde. Aquí no hay ningún espíritu, particularmente entre los republicanos, en momentos en que luchan por recuperar la mayoría del Congreso, en darle la estadidad a Puerto Rico pues estiman que enviaría congresistas demócratas

¿Decepcionado con Obama? No. Soy solidario con su presidencia.

Hay que enmarcar el momento en que estamos. Nos enfrentamos a la crisis económica más severa desde la Gran Depresión. Y creo que Obama intenta bregar desde una perspectiva humanista y progresista con cambios sociales dramáticos, como la reforma de salud.

Pero, él avivó la intervención en Afganistán. Con el dinero de esa guerra se paga la reforma de salud.

No estamos de acuerdo con todas sus decisiones. Una de ella es la decisión de incrementar la guerra en Afganistán.

¿Algunos que le critican aprovechan para recordar que su apellido paterno es Hickey? No me ofenden en nada. Mi padre -Daniel Williams Hickey- que murió de cáncer en la década de 1970 -era neoyorquino. Aquí encajonan a la gente por su etnia y mi origen étnico es puert o r r i q u e ñ o.

(Recordó que en una reunión, recién llegado a Nueva York, se presentó como Dennis Hickey Rivera y le preguntaron si era Hickey o Rivera. Desde entonces se presenta como Dennis Rivera).

Cuando personalidades puertorri- queñas radicadas en Estados Unidos se oponen a la estadidad, desde San Juan surgen voces que cuestionan que intervengan en el debate. Nunca me he ido de Puerto Rico. He estado toda mi vida en las luchas sobre Puerto Rico.

¿Se retira en Puerto Rico? Ya estoy en Puerto Rico. Tengo una casa en Culebra. Vivo en Washington, pero me paso fundamentalmente en un avión. Cada vez se me hace más difícil salir de Puerto Rico, por el interés en pasar más tiempo con mi mamá, conocer mejor a mi hija y contribuir a una sociedad que cada vez la veo en una situación más critica, principalmente sobre sus valores. Es importante que haya un nuevo compromiso para ayudarnos los unos a los otros. Creo que seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes no tiene sentido

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Comentarios:

  • elcaribe
  • September 8th, 2010

Me ha causado una buena impresión esta entrevista. Me enorgullece saber de un puertorriqueño que ostenta el poder que ostenta Dennis Rivera y que a la vez es capaz de ser una persona accesible y de honestidad escueta.

Sobre la salud universal tengo mis reparos por ser un concepto que deviene de un dogma que ha permeado todo el modelo de salud. El economista Paul Zane Pilzer, que entre los puestos de envergadura que ha ocupado se encuentra el de haber sido asesor económico de la administración del Presidente Bill Clinton, advierte que la Industria de la Salud debe acuñar el término Industria de la Enfermedad, pues en lugar de curar enfermedades, se ha dedicado a encubrir síntomas. Es uno de los hechos que según explica el economista, le abre la puerta al desarrollo de una ruta alterna que va generando ganancias astronómicas que van incrementándose exponencialmente. Se refiere a lo que el distinguido economista llama Industria del Bienestar, que comprende la medicina natural, los health foods, la industria de la agricultura orgánica, el negocio de los gimnasios, las cirujias plásticas, en fin, todo aquello que previene enfermedades y que prolonga la calidad de vida. Incluso, en su libro The New Health Insurance Solution, plantea medidas para escapar del avasallador modelo de salud que obliga al ciudadano a someterse a los dictámenes de una industria que imposibilita la democratización de un sistema de salud universal. En el libro propone medidas para obtener cubiertas más económicas y de mayor alcance sin el plan tradicional del empleador.

La filosofía actual del modelo de salud es que los ciudadanos somos gente desinformada, niños indisciplinados cuya salud y bienestar requieren de la protección de lo que el psiquiatra Thomas Szasz, autor del libro El Mito de la Enfermedad Mental (libro de importancia cardinal para comprender la debacle moral tergiversada como el deterioro dogmatizado de la salud mental), ha bautizado como el Estado Terapéutico.

Dentro de este modelo de Estado Terapéutico, el Modelo de Salud Universal de Obama amenaza la salud de madres embarazadas y en su puerperio (tiempo que sigue inmediatamente al parto) con el Mothers Acta, que prácticamente convierte el proceso natural que por antonomasia define nuestro devenir evolutivo y perpetúa nuestra especie, como una patología de la emoción. Sin que medie una prueba de laboratorio que facilite la verificabilidad objetiva de alguna anormalidad de naturaleza orgánica, los psiquiatras desarrollan listas de supuestos síntomas de naturaleza discrecional y subjetiva, de manera que sus opiniones autoritarias cobran visos de diagnósticos fácticos. Una mujer que acaba de traer al mundo un nuevo ser, es tratada como una enferma mental porque a un proceso natural de cambios hormonales, una tristeza que no tiene etiología orgáncica, es manipulada y transformada en una patología por decreto. Entonces se le droga con sustancias neurotóxicas, que han estado provocando muertes y defectos en los bebés, por culpa de viciados diagnósticos, que el Mothers Act no solo consiente sino que promueve. Ver Mothers Act Fuels Multibillion Dollar Industry : http://onlinejournal.com/artman/publish/printer_4638.shtml.

Las palabras de Dennis Rivera en cuanto a la falta de consenso en Puerto Rico es clave para comprender que la bola del juego de la consumación del status político está en nuestra cancha. La idea de que los partidos principales llegan hasta Washington y se cancelan es prácticamente axiomática.

Para desarrollar un plan de salud universal en Puerto Rico, debemos partir de principios muy distintos al modelo estadounidense y tal vez sentar precedentes universales. Debemos establecer criterios científicos estrictos e inapelables, para garantizar la ética de la práctica médica. No se puede ser razonable con los que fabrican enfermedades y las presentan como el que vende pinturas de algún famoso pintor como auténticas, cobra por ellas como auténticas pero son una imitación. Las consideraciones se deben circunscribir a lo científicamente comprobable. Esto dejaría a la lucrativa industria de la salud mental, incapaz de superar el dogma y presentar evidencia que justifique su naturaleza médica, sin poder moral. Pero también sanearía en buena medida los altos costos de planes de salud y nos obligaría a poner en su perspectiva justa los graves problemas morales, individuales y sociales, que han sido convenientemente tergiversados al psiquiatrizar su lectura. De esta manera nos impulsaría a encontrar alternativas no médicas para tratar con los graves conflictos morales que nos aquejan.

Al igual que se debe mantener el concepto de separación Iglesia/Estado, se debe establecer la separación Medicina/Estado. Los conflictos de intereses actuales amenazan el devenir de los pueblos. Antes de la separación Iglesia/Estado, el pecado definía la desviación de conducta reprobable. En la actualidad el pecado ha sido sustituido por la enfermedad mental. Todo lo que antes se consideró como una ofensa a Dios, se conceptúa en la actualidad como una enfermedad mental, sin posibilidad de corroboración científica objetiva. Desde la gula hasta el sexo. Desde la hostilidad hasta la “malacrianza” de los niños. Hemos sustituido una visión religiosa dogmática por un dogma médico/psiquiátrico más pernicioso aún. Es por ello necesario desvincular la política de la medicina. Es por ello necesario educarnos y devolverle el poder de determinar qué opciones elija el ciudadano para atender problemas de salud, ya sean alopáticos, homeopáticos, botánicos, combinados, etc.

Dice una entidad independiente, descentralizada de médicos y bioestadísticos que analiza todos los actos médicos para averiguar si hay evidencia científica de su utilidad, que el 80% de los actos médicos nunca han sido testados con extensión y seriedad suficientes a tenor de las normas del rigor científico. SE llaman Cochrane Collaboration ( Del libro Contra Hipócrates, El Cartel Médico, de Kurt Langen y Bert Ehgartner).El modelo de salud ha impuesto una mirada cerrada hacia la aternativa alopática y no por accidente. El libro The Leipzig Connection de Lionni y el libro arriba citado, demuestran con hechos, la movida de una industria que impuso convenientemente una visión que aisla el campo de la salud de una comprensión holística, donde el entorno pude condicionar la salud de un cuerpo ( lo psicosomático). Además niega el hecho que las fuerzas de nuestro organismo humano son superiores a cualquier terapia. Esto lo comprueba los hallazgos más recientes de biólogos como Bruce Lipton (The Biology of Belief).

La soberanía, al impulsar una educación que eleve la conciencia de la importancia y lo deseable que es participar en el desarrollo de una industria agrícola robusta, de autosuficiencia y de capacidad potencial de exportación mundial de productos de alta calidad, va a representar no solo una entrada económica de importancia cardinal para levantar al país y dirigirlo a un desarrollo económico viable y de potencial prosperidad. Va a elevar la moral del país. La base de la moral es la productividad. De paso se pueden establecer políticas que guíen nuestra agricultura hacia estándares éticos de probidad inquebrantable, al producir productos idealmente orgánicos o razonablemente seguros, que por su naturaleza ética, sean de por sí medicinales. Estas medidas marcarían una transición no solo hacia la estabilidad económica, al rehabilitar una de las esferas principales pero no únicas, de desarrollo económico para la isla. Marcarían una transición hacia un estilo de vida inconcebible bajo las actuales condiciones de sometimiento e inducción deliberada a la ignorancia. Un estilo de vida que llevaría a Puerto Rico a soltar las muletas de su imaginada discapacidad y por primera vez, dar pasos tardíos pero encaminados hacia un porvenir aún alcanzable. Nuestros hermanos puertorriqueños abandonarían muchos de sus medicamentos al mejorar su salud, su estado moral, sus deseos de vivir. Esto obligaría a la industria farmacéutica a redefinirse bajo estrictos paradigmas éticos y representar para Puerto Rico una industria aliada.

Creo que la izquierda ha abrazado el concepto de salud universal por la premisa de la socialización de la ayuda hacia el manejo de enfermedades. Es una postura que respeto porque me parece que parte de una intención de justicia y de amor franco al prójimo. Solo sugiero que se revise más a fondo porque podemos mejorar la propuesta bastante. Podemos hablar del derecho a una cubierta pero si adecentamos la política y la limpiamos del cabildeo de intereses contrarios al bienestar nuestro, si de pronto las alternativas de alimentos, los paradigmas dirigidos a elevar la moral del país, de estimular la mejores virtudes que nos caracterizan como pueblo, en lugar de perpetuar aquello que ha fomentado la dependencia, se comienzan a materializar, entonces no solo podremos hablar del derecho a un plan de salud universal sino del deber de no enfermarse.
Un Puerto Rico Soberano no se puede dar sin puertorriqueños que gocen de una salud inquebrantable, en todos los sentidos. No se puede pedir menos.

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