Medioambiente

Herramienta para la responsabilidad

Editorial de El Nuevo Día

Con apenas un 7.2% de las 894,912 hectáreas de nuestro suelo protegidas para el porvenir, Puerto Rico se encuentra a años luz del estándar saludable que propone la conservación, como mínimo, del 33% del total de las tierras en cualquier país donde las políticas de desarrollo sean orientadas por una visión de futuro.

Por eso es tan importante la iniciativa lanzada por el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, en el marco de la celebración de su 40to aniversario, orientada a trazar el camino hacia la conservación y el manejo de los ecosistemas funcionales de la Isla, con la ayuda de los ciudadanos en la recopilación de datos y esfuerzos de conservación.

La preparación de un conjunto de guías prácticas de preservación para uso colectivo e individual redondean la iniciativa del Fideicomiso, la cual se pone a la disposición de los ciudadanos, grupos comunitarios, del Gobierno y del sector privado como una valiosa herramienta capaz de ayudar a impulsar la responsabilidad social y la preparación de planes de desarrollo cónsonos con la capacidad ecológica del País.

Adecuadamente bautizado como el Mapa de Vida, el proyecto del Fideicomiso parte de la integración de las bases de datos geográficos existentes de agencias federales y estatales para tener una visión general del estado actual de nuestros ecosistemas.

Dicha información se validará mediante la programación de cinco actividades abiertas al público en cinco cuencas hidrográficas, las cuales arrancan el 10 de febrero próximo en la Reserva Natural Hacienda La Esperanza en Manatí, continuando por el resto del año.

En su primera etapa, los esfuerzos del Mapa de Vida se concentrarán en medir la calidad de las cuencas hidrográficas en Puerto Rico, tomando en cuenta las características particulares de cada región y, al mismo tiempo, para sentar las bases para trazar las conexiones entre las regiones.

En etapas subsiguientes a esta recopilación de datos colectiva, se medirá el estado de salud de los ecosistemas.

El valor de la encomienda que acomete el Fideicomiso para alertar y educar sobre los riesgos de continuar utilizando de forma temeraria el 93% de nuestra cubierta de suelo ahora desprotegida debe verse en perspectiva.

Por un lado, es un recordatorio del estado de los terrenos en Puerto Rico y el abandono de los criterios de responsabilidad que han llevado a planificar para el desastre ambiental y, por ende, humano.

Por otro lado, la serie de trabajos cartográficos y estudios de campo son una aportación práctica a la protección de las cuencas hidrográficas que suplen agua para uso potable, proveen protección contra inundaciones y huracanes y absorben los efectos de los contaminantes.

El mapa de nuestros ecosistemas, que debe resultar del esfuerzo del Fideicomiso, tiene el potencial de convertirse en una herramienta científica de incalculable valor para enriquecer la discusión y eventual adopción del postergado Plan de Uso de Terrenos.

En ese sentido, nuestro llamado es a que el Estado incorpore esta aportación proveniente de un ente que a la sazón tiene bajo su protección unas 23,000 cuerdas de terreno, como un instrumento en el que bien puede sostenerse la planificación responsable.

Porque seguir planificando para el desastre, bajo criterios en los que la simple contabilidad derrota los propósitos de la conservación, no es una opción viable para un Puerto Rico al que le urge alcanzar el máximo desarrollo socioeconómico en balance con la conservación de sus recursos limitados.

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