Soberanía frente al colonialismo

Espejos

“El PPD aumentó la hostilidad contra el independentismo y Muñoz llegó al extremo de llamar a sus adversarios pulgas, ratoncitos, arañas y sabandijas.  Ahora les llaman crápulas y  garrapatitas.  ¡Que triste ver lo poco que hemos cambiado!”

Ponencia de Charlie Hernández durante presentación  del libro Espejo de la ruptura: la vida política del Dr. Francisco M. Susoni, de Nestor Duprey

Cuando el amigo Nestor Duprey me invitó a hacer esta presentación de su nuevo libro me sentí profundamente orgulloso por la oportunidad de ser un pequeño componente de esta aportación histórica al país.  Ese día pensé que lo primero que debía hacer hoy era extender la más sincera expresión de agradecimiento al autor por su gentil invitación.

En el proceso de reencontrarme con la vida y obra del Dr. Francisco Susoni, descubro la magnitud de la travesura que me hiciera el amigo.  La lectura de esta obra ha revivido dolorosamente controversias latentes de mi espíritu, ha puesto en el contexto correcto nuestra realidad política y nos desafía a enfrentarnos sin temor a nuestro futuro colectivo.

Como el enfermo que resiente el tratamiento doloroso camino a su sanación, no agradezco el proceso sino el resultado.

Dicen que la historia la escriben los que triunfan en las pugnas de los pueblos.  Tal vez por ello, hasta hoy, se había condenado al relativo olvido la obra y legado del Dr. Susoni.  Los que se sintieron triunfantes nos ocultaron a Susoni.  Lo ocultaron como el iluso que oculta su conciencia creyendo que al hacerlo elimina también los fantasmas que la atormentan.   Veremos en la obra de Duprey que hay mucho de cierto en la máxima que postula que mientras más cambian las cosas más permanecen igual.  En síntesis, esta obra es simultáneamente un acto de reivindicación y un desafío.

A principios del siglo pasado, el joven Susoni abandonó la comodidad económica y social de su profesión médica para incorporarse al Partido Unión de Puerto Rico junto a otros líderes independentistas como De Diego y Muñoz Rivera.  La independencia fue su ideal, en las buenas y las malas, con poder político o sin él, con acomodos o electorales o sin ellos.  En eso fue incólume independientemente del alto precio que en ocasiones tuvo que pagar.  Siempre fue neto, auténtico y completo.

Duprey nos presenta la vida de un hombre íntegro y vertical en un mundo donde todo es negociable.  Perteneció a partidos políticos mientras podía compartir la filosofía que profesaban.  Por ello, fue senador del Partido Unión hasta que comenzó la decadencia ideológica del mismo.  La filosofía final de ese partido era similar a algunas definiciones que circulan en el seno del Partido Popular que promueven creer en todo y en nada simultáneamente.  De forma silenciosa, Susoni se retira de la política electiva para no prestar su nombre y estatura moral a un partido sin columna vertebral.

Regresa a la política junto a la creación del Partido Liberal y, aunque rechaza aceptar puestos electivos, pertenece a su junta directiva.  Tras las elecciones del ’36 se culpa al sector reformista de la derrota del Partido Liberal y se desata una purga interna.  Mientras más cambian las cosas más permanecen igual.  Esto culmina con la desafiliación de este sector liderado por Muñoz Marín para crear una nueva herramienta en el PPD.

Ingresa al PPD y se convierte en Vicepresidente del Senado y luego Presidente de la Cámara de Representantes.  Nos narra Duprey su desconección con los títulos y los acomodos políticos que lo llevaron a renunciar discretamente en dos ocasiones a la Vice Presidencia del Senado (una de ellas por razones de salud).  Muñoz no aceptó dichas renuncias.  No conocemos otro político que haya hecho eso en los últimos cincuenta años.

Duprey nos presenta a un gladiador que no renunció a su ideal mientras otros buscaban excusas.  Primero le dijeron que victoria PPD del ’40 había sido muy frágil, luego que había que esperar el fin de la 2da Guerra Mundial, luego que los nacionalistas habían creado un mal ambiente para la independencia y luego que ese ideal traería miseria al país.

La inacción Popular forzó la creación de grupos independentistas como el Congreso Pro Independencia (CPI) y luego el Partido Independentista Puertorriqueño.

Susoni observó, como la tensión contra el independentismo continuó creciendo hasta el punto que el PPD aprueba un Decreto de Incompatibilidad que haría imposible ser miembro del PPD y del Congreso Pro Independencia simultáneamente.  Otros propusieron sin éxito que se declarara igualmente incompatible ser Popular e independentista a la vez.  Este evento se repitió en el PPD sin gran destaque público durante el año 2007 cuando un grupo de asimilistas en el PPD reclamaron a un candidato que debía a renunciar públicamente a su pasado independentista antes de ser candidato del PPD.  La Comisión de Resoluciones del Partido evitó que la sangre llegara al río pero todos teníamos claro el trágico antecedente histórico.

Susoni siguió fielmente al liderato del PPD haciendo las advertencias de rigor y confrontando las renuencias cada vez mayores a librar las batallas ideológicas.  Sin embargo, con las leyes de la mordaza la sangre llegó al río pues no podía tolerar la criminalización de ninguna doctrina ideológica.

Seis días después, en un ejercicio hermoso de liberación de conciencia y de rectificación de sus propios errores, Susoni renuncia a la comodidad política de su Presidencia Cameral, a su escaño, a la Vicepresidencia del PPD y al mismo PPD.  Al hacerlo le expresó a Muñoz: “Tu actitud inconmovible de mantenernos en este sistema ahondando las diferencias locales entre puertorriqueños, complicando peligrosamente nuestra economía, deteriorando la moral colectiva, bajo la expoliación de una tutela anacrónica y denigrante, me impide continuar unido a ti y al partido que presides…  “No creo en la colonia como medida democrática para sentar las bases sólidas y permanentes de la república ni del estado.  La postergación de la solución del status, llevará consigo la liquidación económica de la isla, y aumentará el ritmo de desmoralización que todo régimen colonial conlleva.  La amistad del gobierno y del pueblo de los Estados Unidos será genuina y perdurable cuando la igualdad política elimine la vanidad y arrogancia del dominador por la eliminación del dominado.”

El PPD aumentó la hostilidad contra el independentismo y Muñoz llegó al extremo de llamar a sus adversarios pulgas, ratoncitos, arañas y sabandijas.  Ahora les llaman crápulas y  garrapatitas.  ¡Que triste ver lo poco que hemos cambiado!

Susoni se convierte en el candidato a gobernador del PIP y contesta a Muñoz con igual fuerza reclamándole sus promesas ideológicas incumplidas y la traición a los ideales de su padre.  Expresa: “Lo cierto, lo innegable, lo que no puede ocultarse por más tiempo, es que a alguien le interesa la perpetuación de la colonia, y hacia esa finalidad van enderezadas todas la maniobras y frases hechas, que inyectan la confusión y el miedo en la conciencia ingenua y confiada de nuestros campesinos.”  En ese sentido, el PPD de entonces se portó contra los independentistas con la misma altura que se comportan algunos líderes populares de hoy contra quienes abogamos por el establecimiento de una relación de Asociación soberana.  ¡Que poco cambian las cosas!

En su discurso final como candidato a la gobernación, Susoni explica el problema económico del colonialismo: “un pueblo sojuzgado no tiene en sus manos la instrumentación necesaria para crear y desarrollar fuentes de producción y de vida con las adecuadas garantías para su estabilidad y seguridad futuras.  ¿Por qué?  Por que esa instrumentación está bajo el dominio absoluto del poder dominador, en el cual residen la autoridad y las facultades omnímodas para regular la vida de los pueblos sometidos”.

Tras su derrota en la elección del 1948, Susoni mantuvo su presencia pública para luchar por la independencia.  Específicamente, atacó la ley 600 por mantener la soberanía en manos de los Estados Unidos y por mover al país a votar por un esquema de colonialismo por consentimiento. A pesar de las elocuentes lecciones de la historia, todavía hay unos por ahí en el PPD que creen que cualquier relación es buena siempre que el pueblo la avale.

Si el Dr. Susoni hubiera podido ver el Puerto Rico de hoy de seguro nos reclamaría que nos lo advirtió.  Se sentiría reivindicado en saber que la aceptación ciudadana a una relación colonial sólo se logra cuando se disfraza de crecimiento y prosperidad económica.  Ello explicará el éxito electoral del PPD hasta mediados de la década del setenta, la inestablidad política de los ochenta y la elocuente caída en el respaldo al PPD de las últimas dos décadas.

Muñoz les pidió que ahogaran sus anhelos para buscar prosperidad económica.  Alguien diría que negoció libertad por pan y tierra.  ¿A dónde nos ha conducido ese camino?   Nuestra presente relación colonial ya no puede vender su promesa de bonanza económica en un mundo globalizado.  Los beneficios exclusivos que disfrazaban las deficiencias coloniales han desaparecido hace tiempo y nos hemos quedado con una sociedad matizada por una monumental e incapacitante dependencia interna y externa, personal y colectiva.

Al ver al PPD de hoy, Susoni se sentiría sorprendido de lo poco que ha cambiado.  Continúa siendo el mismo partido temeroso, electoralista, sin filosofía o dirección.  Pensaría que el PPD de hoy no es distinto al de entonces que presumía que el poder político es un fin y lo restante es postergable.  Un partido que dice querer pero carece de voluntad para hacer.  En el PPD actual, algunos de sus líderes te dicen en silencio que creen en la soberanía pero que más creen en sus escaños, que creen en la soberanía pero que éste no es el momento, que creen en la soberanía pero que otros no la quieren, que creen en la soberanía cuando nuestra economía lo permita, que creen en la soberanía pero que otros tiene miedo de aceptarla.  Mientras más cambian las cosas, más igual permanecen.

Si el PPD de hoy tuviera los votos que tuvo entonces, ya hubieran expulsado a quienes reclamamos una relación de asociación soberana.  Algunos, los más asimilados, preferirían nuestra salida o nuestro silencio aunque le costara votos o la misma existencia del PPD.

Susoni toleró mientras pudo dentro del Partido Unión, dentro del Partido Liberal y dentro del Partido Popular.  Su conciencia lo obligaba a moverse una y otra vez a medida que otros traicionaban su ideal en la búsqueda de acomodos pueriles.  ¿Cuánto tiempo más necesita el PPD para reencontrar su destino?

Hoy nos diría: “caballeros no se compliquen tanto tratando de recorrer el mismo sendero que he atravesado en tantas ocasiones.  La única alternativa digna que le queda al país para evitar su eliminación es una integración de fuerzas puertorriqueñistas, sean independentistas, asociacionistas, o no afiliados, de corte anticolonial que reclamen los poderes soberanos para mover nuestro país.  Empecemos por nuestros pequeños consensos. A fin de cuentas, como decía Susoni, citando a Hostos ‘El abandono de nuestra soberanía sin protesta, ni la armada ni la jurídica, ha deshonrado a los puertorriqueños’.”

Gracias Duprey, al revivir la vida de Susoni, nos ilustras que la historia no la escriben los que ganan la pugna momentánea sino los que el tiempo demuestra que tenían la verdad y la justicia de su lado.

Gracias por su atención.

En San Juan, Puerto Rico, a 24 de noviembre de 2009.

CHARLIE HERNANDEZ

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