Medioambiente

Cerebros baldíos

“Tal parece que a los que han ocupado u ocupan posiciones ejecutivas en las agencias de Gobierno antes mencionadas, así como a miembros reconocidos de la industria de la construcción, no les importa el destino de esta isla, independientemente que digan lo contrario”

Por Abel Vale Nieves, Presidente Ciudadanos del Karso, publicado por El Nuevo Día el 21 de noviembre de 2009

E l término baldío se define como un terreno sin cultivar o abandonado, o cuando se usa como expresión de que un trabajo resultó inútil. También se usa para identificar un predio de terreno sin edificaciones.

En los días pasados vimos cómo un evento fuerte de lluvia registrado en algunas partes del área metropolitana de San Juan, pero nada inusual para una isla tropical como Puerto Rico, causó daños sustanciales a automóviles, viviendas y comercios en varios sectores, además de unos tapones descomunales.

Las características de estos sectores es que todos tienen un cuerpo de agua cerca o están directamente encima de un cuerpo de agua, como es el caso del centro comercial San Patricio Plaza.

Este concepto de baldío esta muy generalizado, especialmente en las agencias como ARPE, Junta de Planificación y la Autoridad de Carreteras, sólo por mencionar algunas, por los que han regenteado La Fortaleza por las últimas cuatro décadas, así como por algunos miembros de ciertos sectores privados relacionados a la industria de la construcción, particularmente la Asociación de Constructores de Hogares.

Ignoran que los suelos en bosques retienen un promedio de 17 pulgadas de lluvia al año, mientras que un terreno construido retiene apenas una pulgada.

Al construir sobre los terrenos baldíos, el suelo queda impermeabilizado y el terreno pierde su capacidad natural de absorber y retener el agua de lluvia.

La alteración de este proceso hace que el agua no retenida llegue más rápido y en mayor volumen a los ríos y quebradas. Esto fue lo que pasó en Puerto Nuevo, San Patricio y otros sectores inundados en días recientes. Y se agravará y propagará a otras áreas mientras sigamos pensando en seguir construyendo en terrenos baldíos.

Muchos esperan que el supuesto problema causado por la lluvia, como si llover no fuese algo vital para tener agua y parte del ciclo climático, quede resuelto con la canalización del Río Piedras. Pero hay malas noticias, ya que con el aumento en el nivel del mar entre 1 y 2 metros por el calentamiento global, las inundaciones serán peores debido a que lo canalizado habrá perdido parte de su capacidad de poder transportar agua.

Un aguacero de la misma intensidad que el ocurrido el fin de semana con un nivel de mar de un metro más alto al actual podría inundar todos los comercios del primer piso de San Patricio Plaza. Tal evento se magnificará debido a que los cauces naturales de quebradas y las tuberías soterradas del sistema de alcantarillado pluvial podrían estar ocupados permanentemente por el agua del mar. Lo mismo podría ocurrir en las urbanizaciones en sitios bajos como Puerto Nuevo, Hato Rey y otras áreas del área metropolitana, al igual que en otras ciudades en las costas de Puerto Rico.

Tal parece que a los que han ocupado u ocupan posiciones ejecutivas en las agencias de Gobierno antes mencionadas, así como a miembros reconocidos de la industria de la construcción, no les importa el destino de esta isla, independientemente que digan lo contrario.

Los hechos hablan por sí solos.

Son los que se atreven a decir públicamente que ellos mejoran a la Naturaleza, o que son todopoderosos ante ésta, como es el caso de la Autoridad de Carreteras y su vídeo “Desafiando a la Na t u ra l e z a “. Se siguen ciegamente las “fuerzas del mercado” en lugar de planificar con visión de futuro el mejor uso de terrenos donde se busque una mayor seguridad y mejor calidad de vida de los residentes de la Isla.

Por eso me parece que el verdadero problema con el que nos enfrentamos es que en vez de haber terrenos baldíos, lo que hay son cerebros baldíos.

Un viejo adagio dice que la Naturaleza no perdona y en Puerto Rico acabaremos pagando todos, en mayor o menor medida, la barbarie a la que hemos y estamos sometiendo nuestro ambiente natural.

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