Economía, Soberanía frente al colonialismo

¿Dónde está el déficit?

Por Francisco Catalá Oliveras, Economista, miembro del Instituto Soberanista Puertorriqueño

Publicado por El Nuevo Día el 12 de noviembre de 2009

¿Cuántos vejámenes es capaz de tolerar el pueblo puertorriqueño? ¿Cuántos insultos adicionales tendrá que soportar su clase asalariada, sobre todo los empleados públicos? Aunque la lista de agravios podría ser interminable basta con recordar los que recientemente han asumido carácter emblemático.
Entre éstos es imposible olvidar la célebre frase del filósofo de Ceiba, “such is life”, junto a su gentil invitación a que mediante el juego de la lotería electrónica los pobres intenten acceder a los privilegios y a la buena vida de los dueños de yates. ¡Qué extraordinaria percepción de justicia social! A tal gentileza se sumó luego un asesor gubernamental al catalogar a los líderes sindicales de “g a r ra p a t i t a s ” y “crápulas”. Quizás éste merezca algún reconocimiento de la Academia de la Lengua ya que rescató del olvido la vieja palabra “crápula”, que se refiere a la vida licenciosa o disoluta.

El secretario de la Gobernación, más a tono con los tiempos, recurrió a vituperios de indiscutible actualidad: “carifrescos” y “terroristas”. La temperatura subió con el fuego de Capeco. Pero éste terminó poniendo de manifiesto la irresponsabilidad de una empresa que gozaba de trato tributario privilegiado.

Sirvió de contraste el valor y la dedicación de los empleados públicos, encabezados por los bomberos, que sofocaron el fuego y ayudaron a las familias de las comunidades afectadas por el mismo.

Cuando se trata de ofensas y de expresiones soeces el alcalde de la capital y vicepresidente del partido de Gobierno ocupa un lugar especial. Generalmente, el buen gusto impide citarlo. Sin embargo, la gravedad de sus palabras al referirse a dos de los policías que participaron en el notorio operativo de Caimito no debe pasar inadvertida. El martes 3 de noviembre de 2009 se le escuchó por las ondas radiales no únicamente pedir la expulsión de los agentes, sino su ejecución, “a lo Alejo, arrodillados y con un tiro en la frente”.

Si sorprendente resulta semejante expresión más sorprendente aún es que, ante tan clara manifestación de incompetencia e incapacidad emocional, no se escuche un clamor público requiriendo su renuncia o destitución.

¿Será que la tolerancia ante los insultos ha degenerado en laxitud y cobardía moral? Todo esto ocurre en el contexto del insulto a los empleados públicos al acusarlos de ser responsables del déficit fiscal y castigarlos con cesantías. Se ha probado hasta la saciedad que el origen del déficit radica en una base tributaria erosionada por los privilegios corporativos, por la evasión y por la ineficiencia en la recaudación. En realidad, el mal de fondo no es la insuficiencia fiscal. El déficit es político, institucional y, peor aún, moral.

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