Economía

Transformación laboral

La creciente tasa de desempleo cambia el panorama para la clase trabajadora

Por Joanisabel González, publicado el 8 de noviembre de 2009 por el El Nuevo Día

Sea ahora o en enero próximo, la decisión de reducir aproximadamente el 7% de los puestos de trabajo en el gobierno central representa un punto de inflexión en el mercado laboral de Puerto Rico.

La decisión de política pública de la administración de Luis Fortuño ha sido por meses, tema de controversia en la palestra pública y con toda probabilidad, será “un issue de campaña” en los comicios generales.

En cambio, a los ojos de tres economistas entrevistados por Negocios, el despido masivo de empleados públicos trasciende aspectos políticos y de administración pública. Se trata, pues, de un evento que cambiará para siempre las reglas de juego en la búsqueda de empleo y las condiciones de trabajo en Puerto Rico, donde el trabajador queda en desventaja.

Harold Toro, economista en el Centro para la Nueva Economía (CNE), sostuvo que hasta la fecha, se desconoce el impacto real que tendrá la cesantía de 14,367 empleados públicos, el número más reciente provisto por el gobierno.

Pero advierte que la determinación llega en un momento complicado, considerando que la economía local se encuentra a la baja.

“Como ya tenemos una recesión y todo lo que se ve en el horizonte son nubes oscuras, el hecho de que el desempleo -que ya se encuentra en niveles altos- vaya a subir es un factor que preocupa”, señala.

Explica que dado que la administración Fortuño ha optado por corregir el déficit otorgando mayor peso a los recortes por el lado del empleo en el sector público, la decisión repercutirá en un mercado laboral muy deteriorado, en el cual, el trabajador lleva las de perder.

Rumbo a la precarización

Empero, los entrevistados señalan que los efectos de los recortes gubernamentales rebasan por mucho el impacto que representa una cesantía en la vida y condición económica del trabajador y su núcleo familiar.

En la jerga económica, el concepto “precarización del trabajo” hace referencia a la transformación del empleo, particularmente cuando resulta en un deterioro de las condiciones de trabajo. Entre otros aspectos, la precarización puede ocurrir como resultado de la flexibilización de las normas laborales o por ciclos económicos, entre otros aspectos.

En la vida de la gente, advierten los economistas, el término “precarización” tiene significados dolorosos como la pérdida de la estabilidad, la poca libertad para hacer reclamos salariales justificados y el aceptar más cargas en el lugar de trabajo en aras de conservar el empleo.

También significa la pérdida de beneficios marginales y con toda probabilidad, la necesidad de tener dos o tres trabajos para lograr los ingresos que necesita el núcleo familiar.

Toro explica que en Puerto Rico el empleo de gobierno se percibía como el más estable. Ahora, los despidos del sector público suponen el fin de la certeza de empleo para cualquier trabajador.

El fin de la permanencia

“El pecado mortal en cualquier sociedad es la incertidumbre”, dice Catalá mientras agrega que los errores de la Junta de Reestructuración y Estabilización Fiscal (JREF) en el proceso de notificación a cesanteados y gremios sindicales también hace evidente el estado de “precarización moral” en el que se encuentra la gestión pública.

“La precarización tiene múltiples dimensiones. De por sí, tenemos un desempleo alto por la estructura de la economía y ahora, por la recesión”, dice Toro.

Según el economista, en Puerto Rico el problema se acrecienta porque además de las personas sin trabajo, existen muchos trabajadores que quisieran trabajar más horas, pero no lo logran.

Así las cosas, cuando se analizan ambos factores, Toro indica que el número de personas que no tiene empleo o que no trabaja el número de horas que desea ronda entre 26% y 27%.

“Son unos efectos bien perversos”, manifiesta.

Toro subraya que en la coyuntura actual, ni siquiera poseer destrezas específicas representa una garantía. “Todos tenemos un riesgo de despido, pero ese riesgo aumenta en momentos de recesión”.

En consecuencia, durante ciclos de baja económica, el empleado se esforzará más porque está consciente de que “hay otros buscando empleo”, particularmente cuando surgen eventos de despidos masivos.

Más trabajo, menos paga

Toro y Catalá coinciden en que la inseguridad que provoca la potencial pérdida del empleo provoca que el trabajador acepte condiciones que limiten sus ingresos o supongan más responsabilidades.

A preguntas de Negocios en torno a la posibilidad de que empleados del sector privado puedan ser desplazados por empleados públicos cesanteados, Catalá se expresa en la afirmativa.

Explica que ahora que el concepto de “permanencia” ha desaparecido, el patrono se encuentra en ventaja “para exprimir al trabajador”, en la medida en que afuera tiene opciones disponibles para sustituirlo pagando menos.

Dice que en cierto modo, Puerto Rico ya ha visto procesos de desplazamiento en el mismo sector privado, tanto en el sector de la manufactura como en los servicios.

“En los talleres de farmacéuticas en Barceloneta, tienes empresas que tenían 1,500 empleados, ahora tienen 700 trabajadores y producen lo mismo con el 50% de los trabajadores” ejemplifica Catalá.

Explica que eso se logra intensificando el trabajo de los empleados regulares y recurriendo a empleos temporeros sin beneficios marginales o mediante la subcontratación.

Dos o tres trabajos

Por su parte, Toro indica que aunque en Puerto Rico hay empleos, las condiciones existentes de muchos de éstos, provoca que las personas tengan que tener dos o tres trabajos a tiempo parcial para devengar los ingresos que necesita el núcleo familiar.

“Esto es algo que ya se está dando y en ese sentido, con los despidos, la situación se agudiza o recrudece”, indica.

Catalá agrega que aún cuando los empleados públicos vuelva a reemplearse, los beneficios y términos de contratación no serán similares, aún cuando el reempleo sea en el propio gobierno.

Dice que el caso de los conserjes del Departamento de Educación ejemplifica la situación, pues la propia oficialidad de la agencia ha dicho que los conserjes serán empleados de una empresa privada. Ello, según Catalá, sugiere que el empleado hará las mismas tareas, teniendo como compensación el salario mínimo y poco o ningún tipo de beneficios marginales como licencia de vacaciones, enfermedad o plan médico.

“La tendencia que se está viendo es que va a aumentar el trabajo a tiempo parcial y el trabajo de carácter regular, ese va a ser una proporción del empleo total”, indica Catalá mientras recuerda que esas son las condiciones prevalecientes en el sector de servicios, particularmente en el comercio.

El efecto macro

Según los entrevistados, el problema con los despidos del gobierno es que sus repercusiones tardarán por meses y hasta años.

En primera instancia, Toro señala que los despidos no se reflejarán inmediatamente en la tasa de desempleo porque dependerá de cuánto tiempo transcurra antes de que los despedidos encuentren un nuevo trabajo.

“Lo grave es que en Puerto Rico no domina el ocio constructivo sino el destructivo; lo criminal, lo antisocial, la frustración”, agrega Catalá, agregando a la lista de consecuencias los efectos nocivos que tiene el desempleo en el ámbito social.

De otra parte, Catalá asegura que lanzar miles de personas a la calle asestará un golpe a la productividad y la eficiencia, tanto en el gobierno como a patronos en el sector privado. También se asesta un golpe a los mensajes que buscan aumentar la tasa de participación laboral y fomentar el trabajo como valor social.

Asimismo, Catalá asegura que si los cesanteados no logran obtener un nuevo empleo, la economía informal será la alternativa. Esto afectaría los recaudos del gobierno y daría al traste con la intención del propio Estado de cuadrar el presupuesto.

En última instancia, el economista agrega que la precarización del trabajo supone una generación de jubilados sin ahorros, pensiones o seguridad social en el futuro y eso, a fin de cuentas, terminará siendo una responsabilidad del Estado.

Tiempo de ajuste estructural

Lo que verdaderamente inquieta a los economistas es que los despidos surgen en el peor momento.

Toro indica que el país atestigua un momento de ajuste estructural en todos los órdenes.

“No se llega a la situación por un desfase coyuntural, esto es algo que viene gestándose desde hace mucho tiempo”, dice el economista.

Según Toro, las circunstancias económicas del país y la debilidad financiera del gobierno son tales que, independientemente de quien estuviera en el poder, el escenario habría sido similar en lo que atañe a la necesidad de corregir el déficit fiscal.

Desempleo multisectorial

Catalá advierte que los despidos llegan en un momento crítico.

“Lo único multisectorial aquí es el desempleo”, subraya.

Datos del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH) indican que al cierre del año fiscal 2009, había 1,168,000 personas empleadas. Ese indicador ha ido a la baja en los pasados dos años fiscales cuando se perdieron 95,000 empleos.

Aparte de la pérdida de empleos por causa del ciclo económico, cuando se analiza el estado de empleo en Puerto Rico entre 1999 y 2009, la creación de plazas de trabajo en Puerto Rico ha sido mínima. En ese período, la ganancia en empleos fue sólo de 25,000 puestos.

“Cuando desagregas la pérdida de empleo por sector detallado industrial, te das cuenta que en los últimos cuatro años, ha habido pérdidas (de empleo) en todos los sectores, en servicios, construcción, manufactura. Es un escenario malo porque significa que pierdes los recursos de producción”, explica.

A tal escenario, el economista Francisco Catalá agrega la incapacidad de la economía para crear los empleos que necesita el País.

“Estamos partiendo de una situación en un mercado laboral crítico. Nunca se ha generado suficiente empleo en Puerto Rico y la tasa de desempleo es alta”, indica el economista.

Los que no trabajan

En términos simples, Catalá entiende que el cuadro laboral de Puerto Rico es “patético”.

“Cuando uno ve las estadísticas, las personas de 16 años o más que son las hábiles para trabajar, son tres millones de personas y 1.7 millones está fuera”, dice el economista mientras indica que si en Puerto Rico se contabilizaran aquellas personas que no pueden o no interesan trabajar, la tasa de desempleo no sería de 16% sino de 22%.

Explica que del universo de 1.7 millones de personas fuera del grupo trabajador, unas 600,000 son amas de casa y otros 300,000 son estudiantes.

“Los que se auto-denominan incapacitados son como 239,000, los retirados son 300,000. Los que dicen ser enfermos son 69,000 y entre los que se consideran muy jóvenes o viejos para trabajar, los que dicen que no tienen destrezas y los que no desean trabajar hay más de 100,000. En ese cuadro es que se anuncian los despidos en el sector público”, dice iracundo Catalá.

Mientras, un análisis preliminar de la data del DTRH en materia de seguro por desempleo apunta que la tendencia de desocupados continúa.

Explica que durante los pasados dos años, el número de reclamaciones de seguro por desempleo nuevas promedia 3,500 semanales. “La tendencia a subir de los nuevos reclamos durante semanas recientes sugiere que no estamos observando una situación de mejoría sino que la elegibilidad para recibir el desempleo se está agotando”, dice Toro al explicar que la situación augura mayores dificultades para las personas que permanecen sin empleo y más cargas para el Estado por la vía de los programas de asistencia social.

De paso, Toro recuerda que en casi cuatro de cada diez familias un adulto trabaja en el Gobierno. Además, cuando se analiza la situación desde la perspectiva de clases por razón de ingreso, hablar de despidos en el sector público es hablar de la clase media, pues en la mitad (49%) de éstas, uno de sus integrantes trabaja en el sector público.

En ese contexto, Toro y Catalá coinciden en que los trabajadores se encuentran en una posición en extremo complicada y sobre todo, en desventaja.

“Lo peor que nos puede pasar es que nos acostumbremos y Puerto Rico se está acostumbrando a niveles de alto desempleo, a la dependencia, a una tasa de participación laboral baja. Se está acostumbrando a la agresión y a la hostilidad. Eso realmente hiere, erosiona lo que sería una sociedad civilizada”, dice Catalá al indicar que en última instancia, ese cuadro incide sobre el clima de inversión que se quiere promover.

Toro coincide mientras agrega que si los planes del gobierno para contrarrestar la reducción del gobierno no funcionan, el país tendrá ante sí “un escenario muy malo”.

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