Medioambiente

Rendirse (escrito sobre el Corredor Ecológico del Noreste y la administración de Luis Fortuño)

Por Mayra Montero

Una buena parte de los que aquí presumen (y en el fondo carecen) de la voluntad de asumir a los Estados Unidos como nación, están a mil millas de lo que significa eso.

Es más, si a base de sus palabras y de sus acciones fuesen objetivamente contemplados por un grupo de estadounidenses sencillos, los tomarían por enemigos, o, al menos, por gente muy ajena a sus aspiraciones. Y es que carecen de sensibilidad patriótica, y de esa gran vocación de legado que caracteriza a lo mejor -a lo más perdurable- de la cultura americana.

Prueba de eso está en dos hechos aparentemente fortuitos, pero que quedan conectados cuando uno los pone en perspectiva. En Estados Unidos, ahora mismo, medio país anda encandilado con la majestuosa serie de los Parques Nacionales que estrenó hace poco la televisión pública. “The National Parks, America’s Best Idea”, es una serie de seis documentales fascinantes, donde se narra la gesta de unos seres humanos que tuvieron la visión, pero además la valentía, la inteligencia para conservar intactos esos parajes. Independientemente de lo que pensemos de la política de Estados Unidos y de los desastres que han causado en el mundo, la historia de los Parques Nacionales es única y bellísima. Hombres y mujeres de toda procedencia, algunos ni siquiera nacidos en Estados Unidos, que se jugaron el alma defendiendo unas montañas, unos ríos, unos bosques, y defendiéndolos, como bien repiten en la serie, no para que los privatizaran unos pocos, ni para el uso exclusivo de hoteles y turistas, sino para el disfrute de todos los americanos. Esa es la gran lección de “The National Parks”, que hubo notables empresarios, hasta un puñado de millonarios entre ellos, y además políticos, científicos, artistas, que batallaron como fieras para que esos lugares no fueran urbanizados, no los llenaran de fábricas o los explotaran de cualquier otra forma. No veían esos territorios con los ojos de “hacemos diez mansiones y las vendemos a diez millones cada una”. Prevaleció en ellos otro sentimiento.

Entonces, a la vez que por allá hace historia esta serie, y se discute en escuelas y universidades, aquí, en una actitud de completa irracionalidad, derogan de un plumazo la protección al Corredor Ecológico del Noreste. Lo poco que quedaba a flote lo van a destrozar. Fríamente, con una crueldad que es como una pared. Todo se estrella contra la avaricia y contra la ign o ra n c i a .

Yo los oía hablar, les veía las caras a estos sujetos que quieren entregar el Corredor, y me preguntaba si alguno de ellos había visto la serie de los Parques Nacionales. ¿Qué puede pesar más que el sentido de la dignidad, del amor por la tierra donde se ha nacido? Pues la verdad que no lo sé. Pero apuesto a que ninguno -ni el impresentable jefe de Planificación, ni el Secretario de Recursos Naturales, ni el de la Gobernación, ¡ninguno!- vio la serie. Piensan que no tiene que ver con ellos, que en definitiva no los toca ni de lejos ni de cerca, no les interesa. Y ahí tienen: ¿a qué clase de nación se quieren integrar estas personas cuando, en el fondo, no sienten nada por su historia, son incapaces de reconocerse en ella, y se distancian de las grandes epopeyas que han logrado salvaguardar espacios intocables? Porque el mensaje que nos están mandando aquí, con lo del Corredor, es lo opuesto: no hay nada intocable.

En el caso remoto de que hubieran visto la serie y celebrado la tenacidad de hombres y mujeres que evitaron que talaran, alteraran, o construyeran sobre las bellezas naturales, ¿cuál es la lógica para no aplicar esos mismos ideales en Puerto Rico? Pues la lógica de ellos debe ser ésta: Puerto Rico es otra cosa, no es parte de Estados Unidos, aquí no tiene por qué hacerse lo mismo, no merece la pena preservar bosques, humedales, playas rocosas o corales. Eso piensan: tan contradictorios que en definitiva no tienen asidero, ni aquí ni allá. Y ese limbo, ese ser nada, es la peor estirpe.

Pero reconozco que parto de un absurdo, ¿cómo voy a aludir a las series de PBS ante la misma gente que implosiona el Canal 6? Nunca han entendido lo que es la televisión pública. Da grima oírlos hablar sobre los días que han “d es i g n a d o ” para tocar temas que les parecen muy complejos o elevados (en Cultura Viva), y hasta escucharlos vincular el disfrute de la música clásica alemana con el conocimiento de los nazis.

No queda margen para el argumento. Fíjense que anteriormente no había dicho nada sobre los comentarios de Ray Cruz, su análisis del lenguaje erudito, la cultura popular y esos temas en los que con frecuencia hurga. Cada vez que abre la boca, quedo lívida, paralizada, muerta. No encuentro el ánimo ni las palabras. Me rindo. Punto.

Pero no me rindo.

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