Economía, Soberanía frente al colonialismo

De mal en peor el empleo y el desempleo en Puerto Rico

Por Francisco A. Catalá Oliveras

Publicado en Claridad el 7 de noviembre de 2009.

¿En qué se parecen todos los países del mundo cuando se comparan con Puerto Rico? En que todos tienen una tasa de participación laboral más alta que Puerto Rico. Esta tasa se refiere a la fracción de la población civil de 16 años o más que pertenece al grupo trabajador.


Para el mes de septiembre de 2009 el grupo trabajador –compuesto por la suma de empleados y desempleados, definidos éstos como personas sin empleo pero activamente buscando– era de 1,320,000 personas mientras que la población civil de 16 años o más sumaba 3,081,000. Por lo tanto, la tasa de participación registrada para dicho mes fue de 42.8 por ciento.

La tasa de participación laboral de Puerto Rico siempre ha sido relativamente baja. Durante los años fiscales 1980, 1990, 2000 y 2009 fue de 43.3, 45.5, 46.2 y 44.1 por ciento, respectivamente. Si nos refiriéramos a países sumamente diversos como Irlanda, Eslovenia, Costa Rica y Estados Unidos, en todos ellos encontraríamos tasas que exceden el 60 por ciento. Esta baja participación laboral en Puerto Rico se ha intentado explicar en función de diversos fenómenos: la incapacidad de una economía de enclave vinculada a Estados Unidos para generar suficientes empleos, la particular estructura de las transferencias gubernamentales disponibles para los residentes de la Isla y la existencia de una floreciente economía informal. Independientemente del peso que puedan tener éstas y otras explicaciones, el hecho es que de la población que tiene 16 años o más (3,081,000 personas) se cuenta con 1,320,000 personas que están en el grupo trabajador y con 1,761,000 personas que están fuera del mismo.

De los que están en el grupo trabajador, 217,000 se encuentran desempleados, lo que genera una tasa de desempleo de 16.3 por ciento para septiembre de 2009. Mientras la tasa de participación en Puerto Rico ha sido en extremo baja, la tasa de desempleo se ha mantenido tercamente alta. Durante los años fiscales 1980, 1990, 2000 y 2009, la tasa de desempleo fue de 17.0, 14.3, 11.0 y 13.4 respectivamente. Cabe postular, claro está, que si la tasa de participación fuera más alta se registraría una tasa de desempleo también más elevada.

¿Dónde están las 1,761,000 personas que según la encuesta de septiembre de 2009 del Departamento del Trabajo no pertenecen al grupo trabajador? La mayoría aparecen clasificados en dos categorías: oficios domésticos (608,000) y escolares (316,000). Le siguen en importancia los retirados (306,000) y los incapacitados (239,000). A éstos se suman los que informan alguna condición de salud o impedimento (69,000). Aparece también una categoría de aquéllos que se consideran muy jóvenes o muy viejos para el trabajo (119,000). Por último, cabe agregar los que informan carencia de destrezas, los que simple y llanamente responden que no quieren trabajar y los que se diagnostican como desalentados (104,000). Por cierto, si sumáramos solamente esta última cifra al conjunto de los desempleados, entonces la suma de éstos, en lugar de 217,000, sería de 321,000. Esto significaría una tasa de desempleo de alrededor de 22 por ciento.

La pérdida de empleo en Puerto Rico es multisectorial. Si nos circunscribimos a los años fiscales 2008 y 2009 se advierte una reducción de 50,000 en el número de personas empleadas. La lista la encabeza el sector manufacturero, con una reducción de 17,000 plazas en un año. Si el contraste fuera entre los años fiscales 1990 y 2009 entonces la pérdida de empleos en este sector sería de 56,000 plazas. En estos momentos, estas pérdidas no se están compensando ni por el comercio, ni por la administración pública ni por otros servicios ya que en todos estos sectores se están reduciendo las plazas ocupadas. De hecho, si en lugar de contrastar el año fiscal 2008 con el año fiscal 2009 (que cerró el pasado 30 de junio) la comparación fuera entre septiembre del año 2008 y septiembre del año 2009, la reducción registrada en el número total de empleados sería de 97,000.

Por otro lado, durante décadas ha estado vigente en Puerto Rico una política industrial cuyo efecto neto ha sido la erosión de la base tributaria sin el beneficio correspondiente en la creación de empleos. Ahora se insiste en esta política para acentuar la insuficiencia fiscal y así avalar el sesgo ideológico adverso a la gestión y al espacio público. Esta política suicida termina empobreciendo tanto al espacio público como al espacio privado. ¿No se está anticipando ya el efecto negativo que tendrá en los negocios privados el despido masivo de empleados públicos?
Las estadísticas que hemos citado reflejan un cuadro laboral crítico. La debilidad del mercado laboral de Puerto Rico, en la que se conjuga la incapacidad de generación de empleos y la creciente deserción de los puertorriqueños del grupo trabajador, no tiene parangón.

Por el camino que vamos resulta inevitable la intensificación de la descomposición social expresada en múltiples variaciones de conducta violenta y criminal. Domina el ocio destructivo sobre el constructivo.
Si críticas resultan las estadísticas del pasado reciente (septiembre 2009) peor serán las que confrontaremos a partir del 6 de noviembre. Con el despido de los empleados públicos no se resuelve ni un solo problema. Se crean y se intensifican otros. Lo que sí se hace patente es que lo que está ahogando al país no es el déficit fiscal sino el déficit político, el déficit institucional, el déficit de ideas, el déficit moral…

*El autor es catedrático jubilado de economía de la Universidad de Puerto Rico y miembro de la Junta Directiva de CLARIDAD.

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