Soberanía frente al colonialismo

La soberanía para el desarrollo

por Ángel Collado Schwarz

El modelo económico de Puerto Rico se congeló en la década del cincuenta. Las corporaciones 936 lo oxigenaron y consiguieron extenderlo hasta los noventa. El endeudamiento público y los cupones de alimentos han evitado que la ciudadanía se tire a las calles en protestas masivas.

Durante los últimos tres años la economía de Puerto Rico se ha contraído un 10%, la cifra oficial de desempleo ha alcanzado un 16% y la tasa de participación laboral (las personas hábiles para trabajar y están empleadas o buscando activamente empleo) constituyen el 42% de ese grupo. Esto significa que más de 50% de las personas ni siquiera están en el mercado laboral.

Puerto Rico ha perdido su competividad para atraer nuevos empleos; el Gobierno y la empresa privada aumentan los despidos; se paraliza la industria de la construcción ante la falta de financiamiento; las propiedades de bienes raíces se deprecian; se evapora el 90% del Índice de Acciones de Puerto Rico; el Gobierno aumenta los impuestos; aumentan los costos de energía; los servicios sociales se deterioran; el narcotráfico y la criminalidad rampante socavan la calidad de vida de la ciudadanía, y empeora el estado de la salud mental del país.

Al igual que sucedió con los $1,000 millones que envió el gobierno de Bush hace unos años, los fondos del gobierno de Obama no resolverán la crisis económica y social.

Un “territorio no incorporado que pertenece a -pero no es parte de- Estados Unidos” no está equipado para bregar con su problemática. La metrópoli y el comisionado residente de turno pretenden resolver los problemas de Puerto Rico aumentando la dependencia. Es como un padre darle dinero a un hijo usuario de droga en lugar de proveerle una cura a su enfermedad.

La economía del siglo XXI es distinta a la que existía cuando se estableció el programa de industrialización en Puerto Rico, auspiciado por el Gobierno federal, la Marina de Guerra y el Gobierno local. El mundo ha cambiado y Puerto Rico se resiste al cambio.

La economía se ha globalizado. Ahora es un mundo de redes interactivas con tratados entre países soberanos en los que Puerto Rico no puede participar. Más aún, nuestra metrópoli, que impone sus leyes y dispone nuestros acuerdos, transportación marítima e inmigración, ha perdido su hegemonía económica y yace impotente ante el imparable ascenso de China a la cima de la economía mundial y el dramático crecimiento de la Unión Europea e India.

Un caso que evidencia el nuevo orden económico internacional es el de la firma estadounidense, Applied Materials, en Silicon Valley, la cual se ha reinventado para fabricar paneles solares de energía renovable. En los dos últimos años han establecido 14 nuevas fábricas: 5 en Alemania, 4 en China y las otras en España, India, Italia, Taiwán y Abu Dabi. Ninguna en Estados Unidos y mucho menos en Puerto Rico.

Todos estos países tienen políticas agresivas para el uso de energía renovable. Alemania genera casi la mitad de la energía solar del mundo y está en vías de convertirse en el centro mundial de investigación, ingeniería, manufactura e instalación de sistemas energéticos solares.

Un Puerto Rico soberano, con un mejor clima que Alemania, podría establecer acuerdos internacionales con este país para desarrollar energía solar; otorgar visas a profesores y profesionales para crear un centro mundial de investigación en la UPR en Mayagüez; reglamentar e incentivar esta industria siguiendo los mejores modelos del mundo. Y utilizar los medios de transportación marítima más eficaces y económicos. Este es sólo uno de muchos proyectos e ideas que podrían desarrollarse.

Los poderes inherentes de un Puerto Rico soberano son fundamentales para su desarrollo. La otra opción en nuestras manos es continuar languideciendo, esperando el maná de Washington mientras nuestra calidad de vida se desvanece.

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