Soberanía frente al colonialismo

César Hernández Colón presenta libro “Soberanías Exitosas” en Museo de Historia de Ponce

“No es el tamaño de un país lo que determina su éxito económico sino la capacidad de su gente de tomar buenas decisiones que le permitan al país enfrentarse a los retos con que se confrontan. En una época de crisis como la que estamos viviendo el libro nos conduce a la realización de que si queremos que las cosas cambien tenemos que dejar de hacer las cosas como venimos haciéndolas por los últimos 50 años”

Presentación del libro Soberanías Exitosas
Museo de la Historia de Ponce
20 de marzo de 2009

Agradezco el honor que me hace el amigo Ángel Collado Schwarz de permitirme presentar a mi querida ciudad de Ponce el libro Soberanías Exitosas.

Una de las cuatro acepciones de la palabra “mito” en el Diccionario de la Real Academia Española es “persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen”. A modo de introducción a la presentación al libro Soberanías Exitosas que se me ha encomendado presentar les convoco a una pequeña aventura mitográfica, a una breve exploración de este concepto del mito, o sea, la atribución a una cosa de una realidad que no tiene.

Desde los tiempos de la más remota antigüedad, el mito y su contraparte, el tabú, se han utilizado como modos de control del pensamiento. Mitos que comunican ideas que se nos presentan como si fueran verdades absolutas e inamovibles. Estos mitos a su vez se protegen estableciendo tabúes que bajo ningún concepto deben ser transgredidos.

A los puertorriqueños se nos enseña desde el comienzo de nuestra educación, que vivimos en una isla pequeña, sobre poblada y carente de recursos naturales. Esta afirmación que no deja de ser una realidad, se utiliza como base para el mito de que esa pequeñez geográfica y carencia de recursos nos impide la autosuficiencia y nos obliga a vivir bajo la tutela de algún país más grande y de mayores recursos. Este mito a su vez se ha utilizado a través de nuestra historia para legitimar nuestra condición colonial y para llevarnos a considerar a nuestras metrópolis de turno como bondadosos protectores sin los cuales estaríamos condenados a la más terrible miseria.

Otro de los mitos que se nos repiten continuamente es que nuestra idiosincrasia de puertorriqueños nos hace ineptos e incapaces de regirnos por nosotros mismos. Así se nos dice que tenemos tendencias a la anarquía y que nos hemos tornado ingobernables. Este mito que nos achacan se usa para justificar un paternalismo politiquero que nuestros líderes han utilizado para reforzar el mito de la pequeñez geográfica y mantener la hegemonía de los sabios externos sin cuya presencia los puertorriqueños estaríamos todos viviendo en cuevas y acabando los unos con los otros.
Estos mitos a su vez se complementan con el tabú mediante una prohibición, violenta a veces, o disimulada la mayor parte del tiempo, de denunciar este estado de cosas que nos mantiene llenos de temor —cuando no de terror— de buscar formas de eliminar nuestra dependencia. Se nos dice que si criticamos nuestra condición somos malagradecidos. Se nos dice que nuestra salvación está en incrementar nuestra dependencia y sacarle el máximo provecho a la beneficencia que de tiempo en tiempo nos depara la metrópolis.

Los tiempos que vivimos nos demuestran de manera dramática la realidad indiscutible que el tamaño de los países y la abundancia de recursos naturales no garantizan la prosperidad y el bienestar de esos países, sus empresas y sus ciudadanos. Vemos a diario que en los Estados Unidos así como en los países europeos y asiáticos del llamado “primer mundo”, empresas gigantes que por decenios se mostraban como emblemáticas de poderío económico y riqueza se encuentran hoy en quiebra o al borde de la bancarrota. Ello a su vez conduce a despidos masivos de empleados y a la pérdida de beneficios adquiridos tras largos años de trabajo. En los Estados Unidos el desempleo ya sobrepasa el 8% de la fuerza laboral; en los países desarrollados, cifras recientes señalan unos 22 millones de personas desempleadas.

A diario nos llegan noticias sobre la debacle en los grandes bancos, las compañías aseguradoras, las fábricas automotrices y los mercados de valores.

El libro que hoy nos ocupa nos permite ver una realidad que destruye los mitos con los que se nos ha pretendido mantener convencidos que vivimos irremediablemente condenados a la dependencia y a continuar atados a otros países. Soberanías Exitosas recoge seis entrevistas —diálogos, quizás sería una mejor palabra— entre el publicista tornado en historiador Ángel Collado Schwarz y los doctores en economía Francisco Catalá Olivera y Juan Lara en los que concienzuda y detalladamente se analiza la experiencia de seis países que guardan numerosas semejanzas con Puerto Rico. Ese análisis discute los medios a través de los cuales seis países pequeños en extensión territorial unos, en población otros, y carentes de recursos naturales en su mayoría, han logrado en corto tiempo un desarrollo económico sustentable que los ha liberado de la dependencia y les ha permitido proveer un alto nivel de vida a sus habitantes. En el proceso de esos diálogos se demuestra de manera irrefutable que no es el tamaño de un país lo que determina su éxito económico, sino la capacidad de su gente de tomar buenas decisiones que le permitan al país enfrentarse a los retos con que se confronta.

Los seis países cuyas experiencias se describen están distribuidos a través del mundo: Singapur, una diminuta isla asiática ubicada entre Malasia e Indonesia; Eslovenia, un pequeño país europeo que formó parte de la hoy desmembrada Yugoslavia; La República de Irlanda, la parte sur de una isla que fue colonia inglesa por más de cinco siglos; Israel, un pequeño país del Medio Oriente que ha vivido en un estado de guerra permanente desde su fundación en el 1948; Nueva Zelanda, un archipiélago localizado al sur del Océano Pacífico a corta distancia de Australia; y Estonia, una península en el Mar Báltico, al norte de Europa que fue una de las tres repúblicas bálticas ocupadas por la Unión Soviética durante de la Segunda Guerra Mundial.

Todos tienen en común varios elementos, entre ellos, que carecieron de soberanía hasta hace muy poco tiempo por ser colonias en los casos de Singapur, Irlanda, Nueva Zelanda, o estar bajo mandato de Inglaterra en el caso de Israel o formar parte de países de gobiernos centralizados como Eslovenia con Yugoslavia y Estonia con la Unión Soviética. Todos forman parte hoy día de alguna alianza internacional política o comercial: la Unión Europea, en el caso de Irlanda, Eslovenia y Estonia, la Mancomunidad Británica de Naciones en los casos de Nueva Zelanda y Singapur y tratados multilaterales en el caso de Israel.  El libro comienza con el análisis que hacen Collado Schwarz y el doctor Catalá Oliveras de la experiencia de Singapur, una isla 14 veces más pequeña que Puerto Rico y de una población similar a la nuestra.

Antes de continuar con el libro, permítanme un breve paréntesis para narrarles que mi primer contacto con el caso de Singapur surgió de una experiencia que tuve en la lucha que dio el siempre recordado Rafael Cordero Santiago —Churumba— para lograr el establecimiento del Puerto de las Américas. El Dr. Ernst Frankel, profesor de M. I. T. —el consultor que contrató el gobierno de Puerto Rico para asesorar sobre el desarrollo del puerto— estaba totalmente convencido de que el puerto tenía que desarrollarse en Ponce, porque aquí existían las mejores condiciones para permitir su más rápido y más amplio desarrollo. Como ustedes recordarán, el criterio del Gobierno Central de entonces era distinto y en octubre de 2000 se anunció que se construiría en Guayanilla, a pesar de que el doctor Frankel había advertido de que ello presentaba grandes riesgos de demorar el proyecto debido a los problemas de contaminación ambiental que había experimentado el área. Luego de las elecciones del 2000, Churumba me encomendó que visitara al doctor Frankel en Boston para conversar con él sobre su disponibilidad para orientar a la nueva Administración sobre la necesidad del desarrollo del puerto. Frankel me recibió en su casa y al explicarme el potencial del puerto me mostró varios libros sobre Singapur y la transformación que significó para esa isla el desarrollo de su puerto como elemento motor de su economía. Durante esa conversación Frankel, quien había participado activamente como consultor del puerto de Singapur, me ilustró sobre numerosas semejanzas entre Singapur y Puerto Rico —comenzando por lo estratégico de su localización— que le llevaban al convencimiento de que el puerto de trasbordo era la gran esperanza para que Puerto Rico lograra terminar con la cultura de la dependencia que tanto daño nos ha hecho. Churumba compartía la misma visión sobre la magnitud de la transformación de nuestra economía que podría lograrse con el pleno desarrollo del puerto y sobre la necesidad de encaminar al país hacia una economía que no estuviese basada en dádivas que igual que se dan se quitan y no conducen a un desarrollo sustentable. Por eso, hasta el día de su muerte, no cesó en su gestión para promover el desarrollo del Puerto de las Américas.

Volviendo ahora al libro, el diálogo entre Collado Schwarz y Catalá Oliveras va destacando los paralelismos entre la situación de Singapur y Puerto Rico al momento en que Singapur obtiene su soberanía. Significativamente, uno de los modelos que utilizó Singapur fue el Programa Manos a la Obra que se creó en Puerto Rico y para el desarrollo de su puerto el sistema de transportación marítima en furgones que se originó en el puerto de San Juan. Señalan los autores cómo Singapur se trazó unas metas para su desarrollo que fue ajustando con el tiempo. Estas metas se establecieron luego de un proceso de diagnóstico en el que fueron definiendo sus debilidades elemento por elemento, identificando sus soluciones y realizándolas. En ese proceso no subestimaron campo alguno, sino que justipreciaron todo. El modelo empresarial que han utilizado ha sido diverso y revela una gran flexibilidad institucional para escoger la forma empresarial que mejor se ajuste a cada actividad.

Hoy en día Singapur le sirve a toda una serie de mercados a través de su puerto, exportando y reexportando como puerto de trasbordo.

Por supuesto, tanto en el análisis de la experiencia de Singapur como en el de los demás países que se consideran en el libro, los autores no pierden de vista las particularidades de cada país y los elementos que lo diferencian de Puerto Rico. Después de todo, si algo entienden claramente Collado Schwarz y ambos economistas es que no se trata de copiar a ciegas, sino de considerar aquellos elementos de las experiencias de otros países que mejor se ajusten a nuestras circunstancias.

Eslovenia es un país de una población de unos 2 millones de habitantes —la mitad de nuestra población— que formaba parte de la federación Yugoslava cuya desintegración comenzó luego de la muerte de su líder Josef Broz, mejor conocido entre nosotros como Tito, el nombre de guerra que adoptó en sus actividades revolucionarias. Eslovenia adviene a ser un país soberano en 1990, hace menos de 20 años. Explica el doctor Catalá Oliveras que entre 1991 y 2007 el país pasó por numerosas transiciones en su sistema económico que se manejaron con gran sabiduría gracias a un fuerte consenso interno que le permitió establecer una política económica coherente. De recursos naturales limitados, su mayor fortaleza se encuentra en una población bien educada y en su capacidad de manejar su economía basada en principios de autogestión y corporaciones que integran sectores laborales, gubernamentales y privados. La exportación y el comercio exterior es muy diversificado. Su sistema de gobierno es parlamentario. Forma parte de la Organización Mundial del Comercio desde la década de los noventa e ingresó a la Unión Europea desde 2004.

A pesar de su tamaño y población reducida, Eslovenia ha logrado un gran avance económico y una estabilidad en todos los ámbitos sociales gracias a su integración a mercados amplios a través de tratados bilaterales o multilaterales.  Atribuye Catalá Oliveras el éxito de Eslovenia a saber distinguir entre la utopía y la evotopía; esto es entre la concepción de un orden ideal al que se debe saltar y un desarrollo progresivo hacia lo alcanzable a través de una evolución continua determinada por criterios pragmáticos.  Señala Catalá Oliveras que existen múltiples coincidencias entre la situación de la Eslovenia de 1991 y la de Puerto Rico que potencian una capacidad de desarrollo que en nuestro caso no ha sido bien aprovechada. Collado Schwarz lo atribuye a que, contrario a Eslovenia, Puerto Rico se encuentra en una comodidad relativa debido al mantengo que no fomenta la creatividad y coarta la posibilidad del desarrollo de iniciativas propias y provechosas.

Irlanda, de una población similar a la de Puerto Rico, tiene muchas características semejantes a las nuestras en su desarrollo político. Vivió bajo el dominio colonial de Inglaterra por cinco siglos, que entre otras cosas le privó de su lengua autóctona. En 1921 alcanzó una autonomía bajo el llamado Irish Free State, que dividió el territorio irlandés en dos porciones y no fue hasta el 1949 en que la parte sur de la isla, lo que hoy conocemos como la República de Irlanda, alcanzó su plena soberanía.

Señala Catalá Oliveras que Irlanda desarrolló su economía fortaleciendo el sector agrícola y a base de la importación de capital extranjero para fomentar el desarrollo industrial de manera similar a como lo hizo Puerto Rico con la Operación Manos a la Obra de los años 50.

La diferencia principal entre la experiencia irlandesa y la de Puerto Rico lo ha sido que para la década de los 80 en Irlanda se hizo una evaluación meticulosa del modelo económico y se llegó a la conclusión de que la inversión extranjera era efímera y que era indispensable estimular las empresas nacionales con apoyo decidido del gobierno en el mercadeo de su producción en el extranjero.

Collado Schwarz señala que tanto Irlanda como Singapur han logrado un desarrollo vigoroso y sostenido sin contar con recursos naturales de importancia. Catalá Oliveras le indica que aún más, Irlanda se desarrolló en circunstancias muy adversas porque tuvo que sobreponerse no sólo a esa limitación, sino también a una visión de mundo excesivamente estrecha por su relación colonial con Inglaterra en cuyo modelo tendía siempre a buscar soluciones. El gran logro de Irlanda estuvo en trascender la pequeñez colonial que heredó y en superar la mentalidad que ella ocasionaba y lanzarse hacia los programas de industrialización y aprovechamiento de los mercados mundiales.

Uno de los datos más notables que señala es que Irlanda del Norte, que continúa siendo una provincia inglesa, ha pasado de ser una zona próspera e industrializada a ser una de dependencia en las transferencias económicas de la metrópolis y falta de actividad económica.

Indica Catalá Oliveras que la diversidad en los vínculos mercantiles que ha logrado Irlanda con el resto del mundo contrasta con la situación de Puerto Rico en que el 80% de nuestro comercio se da con los Estados Unidos.  En el diálogo sobre la experiencia de Israel, Collado Schwarz, los doctores Catalá Oliveras y Juan Lara comparan varios renglones de las economías israelí y puertorriqueña. Destacan el éxito extraordinario de la agricultura en Israel que, enfrentándose a condiciones sumamente adversas, le permite ser autosuficiente en alimentación y exportar mil millones de dólares en productos agrícolas, sin ser el motor principal de la economía. Destacan también el incremento en el empleo de la manufactura. Ambos renglones contrastan marcadamente con la situación de nuestra economía en que la agricultura ha sido prácticamente abandonada y el empleo en la manufactura ha estado en continuo descenso por las últimas dos décadas.

Señalan también que aún cuando Israel recibe transferencias sustanciales de otros países, principalmente de los Estados Unidos, no han sido éstas la que han permitido su desarrollo, sino más bien el manejo institucional del país, el manejo de la política comercial, tecnológica y científica, y el manejo de la política industrial y los eslabonamientos entre la industria de capital local y la de capital foráneo.

Nueva Zelanda es un archipiélago compuesto de dos islas principales y otras más pequeñas que ubica cerca de Australia en el Pacífico Sur. Fue colonia de Inglaterra que la utilizaba principalmente como fuente de productos agrícolas. Su tamaño es mayor que el nuestro pero su población es de 4 millones como la nuestra. Aunque es un país soberano desde 1947, forma parte de la Mancomunidad de Naciones constituida por 53 países independientes que comparten lazos históricos con Inglaterra.

Explican los autores que partiendo de su fortaleza como país agrícola, Nueva Zelanda desarrolló una política de diversificación. No únicamente diversificación en el perfil de producción o en las exportaciones, sino también en las fuentes de capital: fuentes de capital local, fuentes de capital extranjero, orientadas a distintos sectores de la economía desde el sector agrícola hasta al sector manufacturero y el sector de los servicios.  Indican los autores que el desarrollo económico no se basa en una variable ni en una estrategia. La promoción de las industrias, sean nacionales o extranjeras no se basa en un incentivo, sino en una multiplicidad de factores, y eso fue lo que destacan. Nos dicen que en Puerto Rico hemos tendido a ser un tanto monocromáticos. Cito: “Aquí se piensa en la exención contributiva y ya está. Pero hay otras cosas. Mencionamos el peritaje técnico, un aparato gubernamental con una jerarquía clara, el alcance de la política comercial y los eslabonamientos, es decir, los vínculos entre los distintos sectores de la economía, de la agricultura con la manufactura y de estas con los servicios. Pero también mencionamos el eslabonamiento entre unas empresas de capital extranjero y unas empresas de capital local, entre las que caben distintos tipos de eslabonamientos, incluso unas empresas que le dan servicio a otras, que venden insumos, o promueven empresas de capital mixto.”

Estonia es el último de los países cuya economía examinan Collado Schwarz y el doctor Catalá Oliveras. Fue ocupada tanto por la Unión Soviética como por la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial e incorporada a la Unión Soviética al final de la guerra. Mantuvo una economía comunista hasta el desplome de la Unión Soviética, recobrando su soberanía en 1991, hace escasamente 18 años. Su población es de 1,300,000, aproximadamente una tercera parte de la nuestra. A pesar de su clima inhóspito, tiene un sector agrícola eficiente y bien desarrollado. Desde su separación de la URSS y el consiguiente cambio a una economía de mercado, se abrió grandemente a los mercados internacionales a base de un sistema de tarifas bajas. Se incorporó a la Unión Europea en 2004.

En la actualidad posee un sistema económico ampliamente diversificado que se ha desarrollado mediante la atracción de inversión extranjera y la internacionalización de sus compañías locales. Señala Catalá Oliveras que el elemento principal para la estabilidad económica que ha logrado Estonia ha sido una política monetaria inteligente y una política fiscal extraordinaria.

Como conclusión al estudio de las economías de los seis países el libro, nos ofrece unas tablas comparativas que permiten apreciar la similitudes entre nuestra situación con la de los países estudiados y las diferencias entre nuestros logros y los de esos países de las que desprende que todos ellos nos superan en todos los indicadores de crecimiento económico y bienestar social.

La parte final del libro recoge 9 columnas publicadas por Collado Schwarz en “El Nuevo Día” entre enero de 2006 y junio de 2008, cuya lectura les recomiendo, particularmente a aquellos de ustedes que no hayan tenido la oportunidad de hacerlo antes, pues van a descubrir uno de los mejores talentos en la comunicación que ha producido nuestro país. Ángel tiene una capacidad extraordinaria para explicar cualquier tema en términos sucintos y sencillos y de llevarnos a reflexionar de sobre el poco aprovechamiento de las ventajas que nuestra situación nos da.

El resumen del libro Soberanías Exitosas que les he hecho escasamente le hace justicia a las muchas e importantes lecciones que se derivan de su lectura. Para mí la mayor de ellas es que nos demuestra con ejemplos irrefutables que el mito de nuestra insuficiencia es sólo una gran mentira que se nos ha inculcado para impedirnos ver que tenemos la plena capacidad para hacernos parte del mundo y desarrollarnos exitosamente.

Repito: no es el tamaño de un país lo que determina su éxito económico sino la capacidad de su gente de tomar buenas decisiones que le permitan al país enfrentarse a los retos con que se confrontan. En una época de crisis como la que estamos viviendo el libro nos conduce a la realización de que si queremos que las cosas cambien tenemos que dejar de hacer las cosas como venimos haciéndolas por los últimos 50 años. Conviene sobre este tema repasar el siguiente pensamiento que se le atribuye a Albert Einstein, el más grande sabio del pasado siglo:

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.  La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a las crisis sus fracasos y sus penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

El mensaje de Soberanías Exitosas nos convoca a dejar de un lado el mito de nuestra insuficiencia de una vez y para siempre y a enfrentarnos con una verdad que aunque pueda parecer atemorizante resulta ya inevitable: o tomamos nuestras propias decisiones o nos condenamos para siempre a la pobreza económica y moral a que nos ha llevado la dependencia. Para terminar, les dejo con un pensamiento de Eugenio María de Hostos:

“Dadme la verdad y yo os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozaréis el mundo. Y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destruido.”

Muchas Gracias.

César Hernández Colón

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