Soberanía frente al colonialismo

El PPD y la Soberanía

“Mientras haya miedo de perder los privilegios que conceden los puestos políticos, habrá titubeo, miedo o discurso confuso.  Los soberanistas populares deben, de una vez y por todas, apostar al futuro y abandonar el juego electorero. Los proyectos políticos se construyen desde abajo y no necesariamente desde el poder”

Por: Oscar Pintado Rodríguez, Abogado laboralEn el PPD hay dos tendencias que tienen que definirse. Aunque la mayoritaria es la de Rafael Hernández Colón, el sector soberanista es importante, tiene fuerza política y es, sin duda, entre las dos, la única que representa una nueva visión de país.

El PPD es un partido que lo único que sabe es gobernar. De ahí, el pobre papel que siempre desempeña como oposición. Los líderes del PPD, por el miedo colonial, no se percatan de que tienen la oportunidad de encabezar una segunda revolución pacífica en Puerto Rico, como lo hizo Luis Muñoz Marín con el ELA .

La miopía colonial no los deja ver que el futuro del país está en la soberanía y que existen las condiciones políticas y económicas para dirigir este pueblo hacia ese destino. Sin embargo insisten en continuar con un discurso que fue efectivo y tuvo vigencia en los 50, pero que hoy día está agotado.

Pero hay soberanistas y hay soberanistas. Mientras haya miedo de perder los privilegios que conceden los puestos políticos, habrá titubeo, miedo o discurso confuso.

Los soberanistas populares deben, de una vez y por todas, apostar al futuro y abandonar el juego electorero. Los proyectos políticos se construyen desde abajo y no necesariamente desde el poder. Hay que construir un movimiento soberanista que a corto plazo entierre al anexionismo y para que Puerto Rico obtenga poderes soberanos, fuera de la cláusula territorial.

Pero, construir no es sinónimo de ganar elecciones. Eso es lo que tienen que entender si realmente quieren iniciar la construcción de un nuevo modelo de desarrollo político, económico y social para Puerto Rico.

Al alcalde de Caguas, William Miranda Marín, se le está haciendo tarde.

Él tiene las herramientas necesarias para enfrentarse a los anexionistas de su partido.

Pero está actuando con una cautela política excesiva, que lo coloca en riesgo de dejar de ser un actor principal en el resultado final del choque de las tendencias en conflicto.

No se puede dejar de mencionar a Aníbal Acevedo Vilá. Éste es el único dirigente popular con la fuerza política para influenciar y mover la base popular.

El problema es que entre el ex gobernador y los Hernández, Héctor Ferrer, Sila Calderón, Victoria Muñoz, Alejandro García Padilla o Roberto Prats, las diferencias son más de semántica que ideológicas.

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