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Hay que despolitizar la salud

“Puerto Rico tiene un sistema de salud fragmentado e ineficiente que fue objeto de una reforma que por mejor intencionada, no ha funcionado. Un sistema que multiplica el sufrimiento de miles y miles de pacientes que hacen filas humillantes para recibir servicios incompletos y de calidad cuestionable”

Por: Dennis Rivera, Presidente de SEIU HealthcareSi Puerto Rico no despolitiza su sistema de salud, no hay forma de ordenar la prestación de servicios a una población que cada día los necesitan más. El sistema de salud de Puerto Rico tiene que ser puesto en manos de una junta de gobierno ajena a los vaivenes electorales de cada cuatro años. Esa recomendación está contenida en un plan diseñado por la Universidad de Vanderbilt y la  Universidad de Puerto Rico para enderezar el sistema de salud de Puerto Rico, en el informe denominado “Planning for Health Care Improvement for the People of Puerto Rico”.

Los que participamos en este esfuerzo lo hicimos con entusiasmo y voluntad de poner al servicio de Puerto Rico nuestros conocimientos y nuestra experiencia. Convencidos de que la salud es un derecho, no es un privilegio ni debe ser un negocio. Partimos también de la relación entre el sistema de salud de Puerto Rico con Estados Unidos, echando a un lado nuestras visiones ideológicas para trabajar con lo que hay.

Puerto Rico tiene un sistema de salud fragmentado e ineficiente que fue objeto de una reforma que por mejor intencionada, no ha funcionado. Un sistema que multiplica el sufrimiento de miles y miles de pacientes que hacen filas humillantes para recibir servicios incompletos y de calidad cuestionable.

Un sistema en el que se han disparado las enfermedades crónicas y las muertes innecesarias y deja al descubierto a casi medio millón de puertorriqueños que no tienen seguro médico alguno.

La médula del problema es la insuficiencia de fondos y un círculo vicioso de ineficiencia y desigualdades que impiden que esos fondos aumenten. La politización y la avaricia imposibilitan a su vez que se corrijan las deficiencias que redundan en el sistema disfuncional que tenemos. La salud se ha convertido en balón político.

El Estudio Vanderbilt concluye que la desigualdad en los fondos federales que recibe Puerto Rico es inaceptable. Estados Unidos, con un sistema de salud propio que deja mucho que desear, invierte $257 al mes por ciudadano en sus programas de salud. Se pretende que Puerto Rico haga lo mismo con $20 al mes. Que conste: Puerto Rico invierte 21% de su presupuesto en salud, más que ningún otro país del hemisferio.

Pero no le alcanza.

La inequidad más grande que afecta este sistema es la de los fondos de Medicaid. A Puerto Rico se le impone un tope que en el 2005, por ejemplo, le produjo $219 millones en fondos federales cuando debió haber recibido $1,700 millones de haber sido tratado como moralmente corresponde.

El presidente Obama está comprometido a mejorar esta fórmula. Pero esto no puede darse en el vacío. Sin reformas múltiples al sistema actual, no habrá forma de convencer al Congreso. Para negociar con el Congreso, se tienen que lograr primero unos compromisos y reformas internas entre las que figura, primero, la despolitización del sistema para un uso eficiente y confiable de los recursos.

A esos efectos es la propuesta Vanderbilt, para que se nombre una Junta de Gobierno del Sistema de Salud en la que estén incluidos todos los sectores: el Gobierno ­Ejecutivo y Legislativo- , los pacientes, los proveedores y los trabajadores de la salud.

Esa Junta deberá ser autónoma y la responsable primaria del sistema de salud de Puerto Rico, nombrada para términos que no coincidan con el proceso electoral y con autoridad e independencia política para afianzar la estabilidad y eficiencia del sistema a largo plazo.

Solamente así podremos negociar los fondos que necesita la verdadera reforma del sistema de salud de Puerto Rico.

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