Soberanía frente al colonialismo

La fuerza está en el País

“Muchos puertorriqueños ignorantes denostan contra Naciones Unidas porque entienden que nuestros esfuerzos van dirigidos a obtener la independencia por la vía de las Naciones Unidas. Otros, menos ignorantes, creen que se puede lograr la independencia por la vía del Congreso de Estados Unidos. El tiempo me ha convencido que la vía para el logro de la independencia nacional consiste en…”

Publicado en Claridad en su edición de 18 al 24 de junio de 2009


Por: Noel Colón Martínez

Esta semana se ha celebrado en Nueva York una nueva ronda de audiencias en relación con el caso colonial puertorriqueño. La Resolución aprobada este año será la número 28. Han sido 28 ocasiones en que el organismo encargado de descolonizar al mundo le ha notificado a la Asamblea General que Estados Unidos continúa desconociendo y rechazando las obligaciones que le impone la Resolución 1514 del 1960, que aprobara la Asamblea General entonces, con el propósito de acelerar la descolonización en el mundo. Durante todo el periodo Estados Unidos ha estado insistiendo que nuestro caso colonial es un caso que no corresponde a la jurisdicción del Comité de Descolonización porque se trata de un asunto doméstico que se maneja en el contexto del derecho norteamericano y no por obligación impuesta por determinaciones de las Naciones Unidas.

El menosprecio norteamericano por acuerdos trascendentales de Naciones Unidas no es noticia fresca. El bloqueo a Cuba; Kioto sobre el calentamiento global; el minado de los puertos nicaragüenses; la violación de derechos humanos fundamentales durante el régimen Bush y aún la propia actuación de Estados Unidos en Irak, demuestran contumacia en la desobediencia de la normativa que podría fortalecer la paz y la seguridad internacional.

Es notable que cuando Naciones Unidas condenó la invasión y la ocupación de Irak en el 2003, a uno de los principales asesores de Bush (Richard Perle) sólo se le ocurrió decir que: “La ONU no puede inmiscuirse en los asuntos internos de un país aunque exista una amenaza real para la paz del mundo”. Si esa sigue siendo la interpretación del gobierno de Estados Unidos con relación a Irak, no sabemos, pero sí sabemos que esa sigue siendo la interpretación con relación a Puerto Rico a la luz del proyecto que acaba de presentar en el Congreso el Comisionado Pierluisi y que ya aparentemente cuenta con el apoyo del Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes.

Al eliminarse la Asamblea Constitucional de Status del texto anterior acordado por ese Comité congresional, se aleja la posibilidad del reconocimiento congresional de la capacidad del pueblo de Puerto Rico para obrar con iniciativas propias en asuntos de status político. Obama no ha dicho que apoya a Pierluisi pero ya ha anunciado, por voceros anónimos, que habrá de continuar con el esquema del grupo de trabajo interagencial en Casa Blanca, que ha resultado durante los últimos 16 años en el último embeleco que se inventaron para no hacer nada. No hicieron nada en los ocho años de Clinton y menos aún en los ocho años de Bush. Ningún independentista puede tener confianza en iniciativas del Congreso o de Casa Blanca cuando se trata del status político de Puerto Rico. Obama es un enigma y eso es muy poco. Creo que Estados Unidos se niega a reconocer que el colonialismo impide la paz y la seguridad internacional.

Nosotros no somos un asunto urgente o apremiante para la ONU. El interés de los países independientes en la suerte de las naciones que no lo son tiene que ser por necesidad relativo. Las gestiones y mecanismos que se utilizan para presionar a favor de la descolonización de un territorio como el nuestro habrá necesariamente de depender de un sin número de factores que nosotros los puertorriqueños no controlamos. A pesar del interés de un número reducido de países, entre ellos vale destacar a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, el sistema claramente no funciona. Mientras transcurre el tiempo Estados Unidos se ha reposesionado de Puerto Rico y actúa con claro menosprecio a toda la normativa internacional sobre descolonización. Con su capacidad económica y lo que ya se nos olvidó, superestructural, está intentando hacer imposible la descolonización mediante la absorción y la integración paulatina y sistemática. La absorción se manifiesta en la ocupación de todos los campos para sustituir la autoridad de los puertorriqueños por una ostensible ejecución norteamericana. Para hacerlo le sobran los ayudantes en Puerto Rico.

En 1899, un año apenas luego de la invasión norteamericana de nuestra isla, se celebró en La Haya la primera Conferencia Internacional de la Paz con el objeto de lograr soluciones pacíficas a las crisis internacionales, evitar las guerras y lograr acuerdos sobre reglas para evitar la barbarie en la guerra. La Sociedad de Naciones trató desde su fundación en 1919 de promover la cooperación internacional y conseguir la paz y la seguridad. En 1945 representantes de 50 naciones fundan Naciones Unidas. La Carta que se aprobó ese año reprodujo los acuerdos a que habían llegado China, la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos en sus conversaciones del año anterior. Desde el principio la organización fue la expresión acordada por los grandes imponiéndoles a los pequeños sus ideas sobre el futuro de la humanidad. Por eso se hace tan difícil imponerle a los grandes los acuerdos a los que llegan los pequeños sobre todo cuando se trata de la descolonización que pudiera afectar los intereses de uno de esos grandes. Por eso la paz y la seguridad están en manos de los grandes en un Consejo de Seguridad que ellos diseñaron para sí mismos. A la vez han apoyado un mundo al revés, de mucha riqueza concentrada en pocas manos y demasiada pobreza y deshumanización diseminada por el mundo.

¿A dónde voy? Voy a plantear que atendamos en primerísima instancia nuestro asunto nacional. Muchos puertorriqueños ignorantes denostan contra Naciones Unidas porque entienden que nuestros esfuerzos van dirigidos a obtener la independencia por la vía de las Naciones Unidas. Otros, menos ignorantes, creen que se puede lograr la independencia por la vía del Congreso de Estados Unidos. El tiempo me ha convencido que la vía para el logro de la independencia nacional consiste en el trabajo constante, que algunos hacemos, pero que somos claramente insuficientes. La solidaridad internacional es siempre bienvenida y útil y de nuestra parte tiene que ser obligatoria para que nuestra conducta se ajuste siempre a nuestros principios antiimperialistas. La lucha por la descolonización del puertorriqueño tenemos que elevarla al más alto rango si queremos tener aliados comprometidos con la descolonización del país. Creo que el proceso de crear alianzas internas para fortalecer ese esfuerzo descolonizador tiene que hacerse con mayor agresividad y con mayor urgencia, entusiasmo y optimismo. Alguien dijo que la fuerza está en el país. Eso es cierto y olvidarlo nos puede imponer sanciones catastróficas. Ayudas pueden existir y ser bienvenidas pero la soberanía política es asunto de nuestra entera responsabilidad.

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