Soberanía frente al colonialismo

Pensamiento político de Luis Muñoz Marín

“Colonia es también aquel pueblo que, aun gozando de ciertos poderes, reales o aparentes, está sujeto a perder esos poderes por decisión, voluntad o capricho del gobierno de otro pueblo sin su intervención ni consentimiento.  … y una colonia puede tener, de día en día, poderes tan grandes como los poderes de una nación soberana, pero sujetos, de día en día, y de un día para otro, a modificación, a disminución, o revocación por el poder metropolítico sin su consentimiento”

Publicado en Claridad en su edición del 18 al 24 de junio de 2009

Pensamiento político de Luis Muñoz Marín

Cápsula Histórica
Preparada por: Carlos Gallisá

Denuncia del régimen colonial
En el curso de los últimos 30 años la voz de Luis Muñoz Marín ha sido una de las más claras, vigorosas, eficaces y persistentes en la denuncia del régimen colonial de gobierno que existe en Puerto Rico. Casi desde la adolescencia advirtió los males de la colonia. Su contacto con el movimiento obrero y socialista de Estados Unidos —país donde vivió la mayor parte de su vida y le permitió aceptar mejor las implicaciones económicas y sociales del coloniaje.

Tuvo así la precisa visión de cómo eran explotadas las clases obreras y campesinas de Puerto Rico en la baronía semifeudal que operaba allí el capital norteamericano bajo la mano dominante del gobierno de Wáshington, con la resignada complacencia del liderato puertorriqueño.

Su repudio de la explotación que representa el coloniaje le llevó, en plena juventud, a alejarse del poderoso partido político que acaudillaba su señor padre, Luis Muñoz Rivera, para ingresar en el Partido Socialista que entonces dirigía Santiago Iglesias y que a la sazón postulaba un justiciero programa de reivindicaciones en una hora de infortunio la que llevó a señalar la realidad del coloniaje. No fue el coraje de un momento de indignación el que le hizo ver el cuadro de desventura y de impotencia, de expoliación  y de miseria, que representa la colonia.

Lo que sacudió su conciencia de hombre y de puertorriqueño fue el paulatino desgajarse de la economía insular, la omnipotencia de las grandes corporaciones explotadoras, el aniquilamiento progresivo del pueblo en un régimen sin libertad ni justicia. El complejo de inferioridad que el sistema vigente transmitía aun a los mejores dotados, vedaba toda posibilidad de renovación, de afirmación puertorriqueña, frente al cáncer de  la colonia, frente a aquella lenta destrucción de un pueblo llamado a más altos destinos. De las dolidas entrañas del pueblo puertorriqueño, de aquellas amargas realidades de agobio y de desamparo, de absorción y de paulatino morir que vivían sus compatriotas, derivó Muñoz Marín las sólidas razones para denunciar el coloniaje.

En su cómoda posición ventajera del presente, el gobernador de Puerto Rico repudia ahora lo que dijo durante 30 años consecutivos. Pretende acallar la voz insobornable de la conciencia, diciendo mañosamente que son… ¡errores de juventud! Allá él con su responsabilidad.

Para que el pueblo pueda juzgar su viraje ideológico y el desvío de su conducta con suficientes elementos de juicio, de sus escritos de los últimos años —cuando ya no era tan joven como pretende hacer creer— espiguemos unas cuantas expresiones que mal pueden calificarse de ¡errores de juventud!

Define la colonia
En su célebre mensaje a los puertorriqueños, de fecha 25 de junio de 1936, Luis Muñoz Marín hizo la siguiente definición de la colonia: “Colonia es el gobierno de un pueblo por otro pueblo sin el consentimiento ni la intervención efectiva del pueblo gobernado. Colonia es también aquel pueblo que, aun gozando de ciertos poderes, reales o aparentes, está sujeto a perder esos poderes por decisión, voluntad o capricho del gobierno de otro pueblo sin su intervención ni consentimiento. Una colonia puede estar sujeta a las decisiones, de día a día, de un solo hombre irresponsable ante la voluntad del pueblo gobernado.

Y una colonia puede tener, de día en día, poderes tan grandes como los poderes de una nación soberana, pero sujetos, de día en día, y de un día para otro, a modificación, a disminución, o revocación por el poder metropolítico sin su consentimiento. Así definida la colonia —y  cara a cara con nuestro destino no podemos hacer definiciones adjetivas sino fundamentales— sólo hay dos alternativas a la colonia en Puerto Rico: la independencia y la estadidad, ambas reconocen derechos inalienables, inalterables e irrevocables… La estadidad es imposible… La autonomía, o es enteramente fraudulenta y compuesta de colocaciones adicionales, o es otorgar la autoridad reteniendo la responsabilidad de los Estados Unidos —cosa imposible además de indeseable—. Las alternativas, desde el punto de vista de los Estados Unidos, son, por lo tanto; independencia o colonia…. No hay, pues, ni siquiera alternativa efectiva. La independencia es la única solución.

Reproducido de : Puerto Rico: Cien años de lucha política – Reece B. Bothwell González (El Imparcial, 18 y 24 de septiembre de 1951. –Editoriales-)

Compartir

Comentarios:

You must be logged in to post a comment.