Salud universal

Asegurar un plan de salud universal

El estado soberano de Puerto Rico se compromete a ofrecer un plan de salud universal que redoble los esfuerzos sanitarios preventivos y que incluya la urgente prestación de servicios de salud mental.

El problema endémico de la drogadicción se atenderá bajo un enfoque salubrista, a tenor con los programas más efectivos a nivel mundial, poniendo el énfasis en la prevención, en el tratamiento temprano y en la disponibilidad constante de servicios de calidad.

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Comentarios:

  • Hilda Montano
  • July 3rd, 2009

Espero que se abra unadiscusión que incluya la prevenión, la nutrición y formas alternativas y complementariasde sanación como naturopatia, homeopatía acupuntura, masajes, etc. El modelo actual está basado en el imperio de las farmacéuticas y las aseguradoras y médicos que atieden síntomas y no causas, manteniéndo a la población permanentemente enferma y dependiente de sus productos.
Alguna bibliografía

Libros de:
Abram Hoffer sobre Medicina Ortomolecular
Mark Hyman sobre salud mental y otras condiciones
Joan Mathews Salud mental y adicciones
Michio Kushi Macrobiótica

y muchos otras referencias que puedo ir añadiendo u ofrecer a los
interesados.

  • elcaribe
  • August 29th, 2010

SALUD SOBERANA

La idea de un Puerto Rico Soberano debe alejarnos de aquellas visiones que precisamente han atentado contra las posibilidades de desarrollo de nuestro país. Un plan de salud universal que sea un plagio del estadounidense derrota la idea de luchar por la soberanía.

Primero: la industria de la salud estadounidense es una industria de la enfermedad. No se ha escatimado en fabricar enfermedades y epidemias para que un sector capitalice con la tragedia humana que genera la rentable iatrogenia. Nuestro enfoque debe ser en la prevención, no en la supresión de síntomas. Nuestro modelo económico debe contar con una diversidad y vitalidad tal que no comprometa la integridad de nuestros propósitos por sobornos de farmacéuticas inescrupulosas que tienen una agenda opuesta al mayor bien de los puertorriqueños.

Segundo: El plan universal de salud estadounidense está diseñado para beneficiar a la industria farmacéutica. El dogma inapelable de la FDA es que cualquier cosa que cure, tiene que ser clasificada como droga, aunque estemos hablando de agua bendita. Si Puerto Rico obtiene su soberanía y consiente la perpetuación de la dictadura médica pro farmacéutica, no habremos avanzado nada hacia la consecución de un modelo democrático de salud. Esa democracia consiste en el libre acceso a las opciones convencionales, alternativas, complementarias, y a cubrir cualquier opción con igualdad.

Tercero: Si queremos un modelo de salud autosuficiente y que prevenga enfermedades, tenemos que confrontar el hecho de que el concepto de salud mental no se sostiene bajo premisas médicas ni científicas sino que responde a un credo social basado en la superstición de la hermenéutica conductual subjetiva y al marketing del catecismo mediático de los mitos de enfermedades mentales. No hay manera de validar objetivamente una sola enfermedad mental. No se puede establecer el estatus químico del cerebro, mucho menos observar mediante pruebas objetivas de laboratorio, el mantra del desbalance químico. Lo que si se ha podido demostrar no es que Puerto Rico sufra una epidemia de enfermedades mentales sino que padecemos de una epidemia de drogas psiquiátricas, que causan disfunción cerebral que pueden concluir en suicidios iatrogénicos
(causados por la misma droga). Lo más grave es que esta ficción médica que desangra los bolsillos de los puertorriqueños y que traiciona a los que van buscando ayuda, ignorando que sus estados emocionales crónicos no son patológicos, no solo afecta el sistema de salud sino que es una de las razones principales del fracaso de la educación.
Cuarto: La adicción no es una enfermedad. Es una metáfora médica. Es como pensar que una persona “adicta” al azúcar está enferma. Se le considera enferma si se demuestra, mediante prueba de sangre, que ha contraído diabetes. De lo contrario, puede consumir toda la azúcar que quiera y está sana. Igual pasa con el adicto a las drogas. Lo que sucede es que los psiquiatras son muy astutos y en contubernio con la industria farmacéutica, nos han vendido un modelo de enfermedad donde lo que existe es un dilema moral de una conducta destructiva. Existen modelos de rehabilitación que no usan drogas para rehabilitar a adictos a drogas, cuyas estadísticas de éxitos, para la industria psiquiátrica, son una utopía.

Debemos aprovechar este impulso para inspeccionar con profundidad y apertura, aquellos dogmas, que aún las personas de mayor visión como los soberanistas, seguimos arrastrando. La libertad debe incluir la libertad del “estado terapéutico”. Tanto la salud como la educación merece una mirada más profunda, la ponderación de los hechos históricos, por ejemplo, demostraría que la psicopedagogía fue introducida en las escuelas, que surgen como una exigencia obligatoria, para hacerle el trabajo de racionar la inteligencia y producir una masa de empleados diestros, enajenados y dóciles, para operar por largas horas las maquinarias de la era industria. Es un modelo prusiano y es el origen de la crisis educativa y del esquema fraudulento del ADHD. Hay una conexión entre salud y educación y en la medida en que se erradique estas prácticas, nos dirigimos hacia una soberanía verdaderamente exitosa.

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