Participación ciudadana

Ampliar la participación ciudadana: revisión de la ley electoral, re-estructuración legislativa nacional y municipal, evaluación y desarrollo de la municipalización

Los procesos de participación política de los puertorriqueñ@s están limitados actualmente al voto y a las movilizaciones de la sociedad civil. Los procesos electorales están teñidos por la sombra de la corrupción, por la pobreza de las opciones y por la desidia de quienes deben implementar su mandato. Las movilizaciones civiles, aunque esenciales y muchas veces exitosas, diluyen en múltiples frentes los esfuerzos para la construcción de un nuevo país.

La soberanía implica la evaluación y el rediseño de la participación democrática de tod@s los puertorriqueñ@s en todos los aspectos de la vida nacional.

Creemos firmemente que a mayor injerencia directa y mayor fiscalización ciudadana, la corrupción cesará de constituir una amenaza constante a las finalidades de un buen gobierno.

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Comentarios:

  • santurce
  • August 5th, 2009

Consejos soberanos

Por: Julio Ortiz Luquis

El Estado Libre Asociado se consagró gracias al apoyo popular manifestado en altos niveles de participación electoral. El declive de la participación electoral de las ultimas cuatro elecciones pone en riesgo la legitimidad del poder decisional del pueblo. Este déficit democrático amenaza el apoyo popular a las instituciones de gobierno y al régimen que sostiene este sistema: la dependencia entre Puerto Rico y Estados Unidos.

La resultante desconexión entre las necesidades del pueblo y las de las elites electas acaba progresivamente con la paz social. Se erige ante nosotros un desarrollo democrático elitista, donde el gobierno del pueblo es ahora el gobierno de los políticos. Existe una relación proporcionalmente inversa entre la disminución de la participación electoral y la deslegitimación de los políticos y su relación con la Potencia Administradora.

La potenciación del desarrollo democrático debe desalentar pronto esta amenaza: la transferencia del poder político a unos pocos. Estar ajeno a la oportunidad de debatir, decidir y disentir sobre todo aquello que nos afecta, es pues falta de democracia.

Como en el Puerto Rico del neoliberalismo tardío de hoy, en los noventas países como Brasil y Malasia sucumbieron ante la inflación, el desempleo y el despido de empleados públicos . Empero la hecatombe democrática y financiera no se mitigó con influjos de dinero, sino con asambleas comunitarias de amplios sectores de trabajadores y grupos de interés que crearon dinámicas virtuosas a nivel local.

Ante la deslegitimación política del ELA, las/os boricuas merecemos una democracia directa desde donde se decida antes y después de las elecciones. Donde la soberanía plena esta en las plazas, en las parcelas, en los caseríos, en las escuelas y en las universidades. No desde el Congreso que no elegimos o desde una Cámara y Senado que legislan para sí.

Sugerimos abrir paso a la nueva Patria con las comunidades. La democracia participativa debe ser desde los vecindarios, dejando atrás la democracia elitista del gobierno central reinsertando a las comunidades en el centro del poder político.

Nuestra democracia directa obligará a los políticos a debatir ante organizaciones comunitarias respecto a la administración de recursos públicos, sus círculos de poder, o sobre sus motivos para ocupar un cargo electivo.

Debe contemplarse la creación de consejos vecinales soberanos: “Ser libre es comenzar a serlo”. La soberanía será construida por la comunidad. Ante la falta de concertación a todos niveles, los consejos soberanos serán el motor de la democracia directa y participativa.

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