Economía, Soberanía frente al colonialismo

José L. Méndez habla en presentación de “Soberanías Exitosas”

“Se trata de un libro concebido para sacudirnos, para hacernos pensar, para que salgamos de la versión siglo XXI de nuestro insularismo y para que nos insertemos como se debe en el planeta en que vivimos, en el cual existen otros países que no son Estados Unidos”

Ponencia José L. Méndez en presentación libro “Soberanías Exitosas” de Ángel Collado Scwarz

Librería Borders, Plaza Las Américas

22 de enero de 2009

En Soberanías exitosas toda la discusión gira alrededor de un tema único: el análisis minucioso de la actividad económica de seis países comparables a Puerto Rico por su población o su tamaño, los cuales han manejado exitosamente sus respectivas soberanías políticas para producir resultados admirables en el plano económico.  Esos seis países son Singapur, Eslovenia, Irlanda, Israel, Nueva Zelanda y Estonia. Para analizar esas seis soberanías exitosas Ángel Collado Schwarz convocó a dos distinguidos economistas puertorriqueños, mis colegas en la Universidad de Puerto Rico, los Doctores Francisco A. Catalá y Juan Lara, ambos graduados de prestigiosas universidades estadounidenses y quienes gozan de un amplio reconocimiento intelectual en nuestro país.

Tanto el convocante como los convocados están de acuerdo en algo fundamental: que Puerto Rico se congeló institucionalmente en la década de 1950 y que para poder encarar el siglo XXI el país tiene que, para decirlo en palabras de Ángel Collado Schwarz: “descongelarse, abrirse al mundo y explorar opciones”. Además, de ese acuerdo, los tres intelectuales coinciden en que Estados Unidos no está interesado en incorporar a Puerto Rico como Estado y que:

“Al no existir la estadidad como opción real, las dos opciones verdaderas para el futuro de Puerto Rico son:  continuar con el modelo actual de territorio bajo los poderes plenarios del Congreso, o alcanzar un status donde la soberanía descanse en el pueblo de Puerto Rico, y a la vez se mantenga una relación estrecha con Estados Unidos, donde residen cerca de cuatro millones de puertorriqueños.”

La mirada a las seis soberanías exitosas que llevan a cabo Ángel Collado Schwarz, Francisco Catalá y Juan Lara en el libro que esta noche nos ocupa está matizada por la convicción de que los puertorriqueños tenemos que ser los arquitectos de nuestro propio destino y asumir todas las responsabilidades que ello conlleva y que de no hacerlo, nos estaremos empantanando en la pobreza, la indefinición política y el deterioro social y humano de nuestro pueblo.

Paradójicamente, el principal escollo para salir de ese empantanamiento es un fetiche; la palabra soberanía, la cual es vinculada por una gran parte de nuestro pueblo con toda la carga negativa que durante más de cien años de colonialismo americano se le ha dado en nuestro país el termino independencia, el cual está asociado en Puerto Rico con experiencias históricas muy poco estimulantes como son la extrema pobreza de países como Haití, República Dominicana y la mayoría de las naciones de Centro América.

Para contrarrestar esa carga negativa los contertulios del libro nos invitan a mirar otra experiencia: la de los países que han hecho un uso adecuado de la soberanía política y gracias a ello han logrado un importante desarrollo económico que ha mejorado considerablemente la calidad de vida, la educación y la salud de sus habitantes. Sus miradas están además, motivadas por otra convicción, la confianza en que “Puerto Rico puede implementar las mejores estrategias de esos seis países soberanos. A pesar de esa convicción, Collado, Catalá y Lara coinciden en que existe un problema subjetivo mayor que la carga negativa que algunos sectores le dan en nuestro país a la palabra “soberanía”. Ese problema es el desarrollo en nuestra sociedad de una mentalidad dependiente, la cual es el resultado del hecho de que luego de unos años exitosos:

“El modelo económico de Puerto Rico se ha debilitado y subsiste principalmente mediante el mantengo federal.”

Como consecuencia de ello añade Ángel Collado Schwarz en el capitulo introductorio, en la actualidad:
“Menos de una tercera parte de los puertorriqueños tiene empleo y asume la carga de sostener económicamente con su trabajo y contribuciones al resto de la población. Es decir, un 32% de la población mantiene el resto. La dependencia ataca la dignidad del pueblo y es fuente de muchos de los males que afectan a la Isla.”

Detrás de esa mentalidad dependentista están, por supuesto, las limitaciones creadas por el status político actual, el cual no permite realizar tratados comerciales con otros países, ni participar en foros internacionales o utilizar las marinas mercantes más eficientes y económicas, ni determinar quiénes y cuantos emigrantes deben ingresar en nuestro país. En otras palabras, Soberanías exitosas es un libro que nos invita, no solo a mirar el éxito de los países que se han servido adecuadamente de sus soberanías para lograr una mejor calidad de vida y construir un futuro más prometedor. También, es un llamado a que miremos de una manera más crítica nuestra propia realidad económica, política, social y cultural y demos los pasos que es necesario dar para salir del atolladero en que actualmente se encuentra Puerto Rico.

En efecto, se trata de un libro concebido para sacudirnos, para hacernos pensar, para que salgamos de la versión siglo XXI de nuestro insularismo y para que nos insertemos como se debe en el planeta en que vivimos, en el cual existen otros países que no son Estados Unidos. También, es un esfuerzo para que reconozcamos que hemos llegado al siglo veintiuno en un momento en el que el mundo se ha transformado vertiginosamente y nos exige una actitud más racional, dinámica y solidaria para poder sobrevivir y para lograr una vida cualitativamente válida.

Ángel Collado Schwarz confía en que Puerto Rico puede hacerle frente a ese reto porque tiene el elemento más importante que se requiere en este momento en el mundo para triunfar que son los recursos humanos. A pesar de que nuestro país cuenta en la actualidad con un capital humano que podría ser clave para sacar a nuestra sociedad del estancamiento actual, Collado Schwarz sabe muy bien que la utilización adecuada de esos recursos está por el momento limitada, no solo por la falta de soberanía de nuestro país que nos impide comerciar y actuar libremente, sino también y quizás principalmente por la mentalidad creada por el mantengo y las transferencias federales.

El peso subjetivo de esa mentalidad no se debe subestimar y podría ser mayor que la dosis de autoestima y de confianza que se necesita en Puerto Rico para encarrilar en forma adecuada el capital humano que tenemos a nuestra disposición para poder salir del actual empantamiento y darnos un mejor futuro. Sin embargo, es importante recordar como comenta Ángel Collado Schwarz cuando nos habla de su visita a Singapur, que antes de desviarse de su proyecto desarrollista y a pesar de las limitaciones de sus status político, Puerto Rico fue un modelo para países como los que hoy quisiéramos imitar.

“Cuando me pongo a reflexionar sobre dónde fue que nos desviamos”, dice Ángel Collado Schwarz:
“veo que el punto clave fue cuando Puerto Rico decidió tomar la ruta del mantengo y descansar en los programas de transferencias federales.”

Es importante recordar que ese desvío ocurre en una fecha en la que Estados Unidos estaba adoptando el conjunto de programas de la Guerra contra la pobreza para lidiar con la creciente getoización de importantes sectores de esa nación y casi en el mismo momento en que en Puerto Rico se interrumpía el ciclo de los veintiocho años continuos de gobierno del Partido Popular y comenzaba el periodo de la alternancia en el poder entre los dos partidos principales del país, el PNP y el PPD. Pocos años después del inicio de la alternancia, el Partido Nuevo Progresista le da un nuevo giro a la política de nuestro país con la consigna proclamada en el panfleto publicado bajo el título de La estadidad es para los pobres.

Paradójicamente, aunque la consigna de “la estadidad es para los pobres”, ha sido muy exitosa electoralmente para el PNP, para la estadidad ha sido quizás mortal, porque la actitud dependentista que desvío a Puerto Rico de su proyecto desarrollista de los primeros años de la “Operación manos a la obra” ha afectado por supuesto al ELA al extremo de hacerlo económicamente poco atractivo y casi inoperante, pero ha sido igualmente nociva para la estadidad porque nos ha hecho menos aceptable para los Estados Unidos como potencial Estado. También, ha perjudicado grandemente al independentismo porque nos ha hecho mucho más dependiente del país que actualmente controla nuestro destino político.

A pesar de ser un mal que perjudica a todas las opciones sobre status que defienden los partidos electorales puertorriqueños, la mentalidad creada por la dependencia económica de Puerto Rico hacia Estados Unidos y por la falta de soberanía de nuestro pueblo, no ha podido sin embargo, ser superada en nuestro país porque no existen entre las organizaciones políticas de aquí los consensos mínimos que toda sociedad necesita para poder funcionar adecuadamente y desenvolverse con éxito en la compleja realidad económica del siglo veintiuno. Soberanías exitosas es un esfuerzo para que veamos esa realidad de una manera objetiva y usando como marco de referencia el éxito económico de seis países que han utilizado su soberanía para progresar económicamente.

De esos seis países hay uno en particular, Singapur el cual es una isla en el Océano Pacífico, catorce veces más pequeña que Puerto Rico y que tiene casi el mismo número de habitantes. En las décadas del cincuenta y el sesenta, Singapur perteneció a la Federación de Malasia. Actualmente, esa isla asiática tiene solo 2% de desempleados, su tasa de ahorro es un 40% del ingreso nacional, posee una poderosa industria de construcción y en su puerto, uno de los más activos del mundo, entra y sale un barco cada diez minutos. El ingreso nacional bruto de Singapur y su nivel de producción es el doble del nuestro y está creciendo a un ritmo de entre un 6 y 8%.

Eslovenia, por el contrario, es un país europeo con casi la mitad de la población de Puerto Rico, el cual aunque alcanzó su soberanía en 1991, ha logrado una de las mayores tasas de crecimiento en el mundo. Anteriormente, Eslovenia formó parte de la Federación Yugoeslava y de un sistema socialista de gobierno, pero aún así logró una transición dramática y exitosa hacia una economía de mercado.

Otro país europeo que se analiza en este libro es Irlanda, una isla con la misma población que Puerto Rico en la que anteriormente la población emigraba para escapar del hambre y la pobreza, pero a la que ahora regresan los irlandeses para beneficiarse del progreso. Actualmente, el ingreso per cápita de Irlanda está por encima del de su antigua metrópolis la Gran Bretaña y de países como Francia y Alemania.

De todos los países estudiados en este libro que han utilizado exitosamente su soberanía para progresar económicamente el más polémico es, por supuesto Israel. Aunque Ángel Collado Schwarz alude a este hecho en el primer párrafo del capítulo en que se discute el modelo israelita, creo que en la discusión de los existos económicos de Israel se elude exageradamente aspectos fundamentales de las controversias a la que hace referencia su autor. Un buen ejemplo de ello es cuando Juan Lara señala que contrario a Puerto Rico, Israel ha logrado su progreso atrayendo población, “mientras nosotros no lo hemos conseguido expulsando población.”

Cuando se habla de expulsar población de un territorio, no se puede olvidar que simultáneamente con la campaña para atraer judíos provenientes de todos los países del mundo, Israel expulsó por las armas de las tierras que eran suyas a millones de palestinos, reclamando derechos bíblicos enmarcados en un razonamiento etnocéntrico sobre el cual monta una compañía de limpieza étnica de carácter racista y expansionista. Aunque entre esos migrantes que se instalan en Israel se encuentran personas excepcionales y de un compromiso pacifista a toda prueba como el prestigioso músico israelí, pero también argentino y amigo del autor de este libro Daniel Barenboim, no podemos olvidar la ocupación de Palestina y las masacres casi cotidianas del ejército israelí contra sus habitantes han envilecido desde el punto de vista humano la experiencia israelita.

Mucho menos polémico, pero mucho más alejado de Puerto Rico que Israel y que los demás países mencionados hasta ahora se encuentra Nueva Zelanda, un país que agrupa varias islas, dos de ellas principales y el cual está ubicado cerca de Australia y en el que viven sobre un vasto territorio alrededor de cuatro millones de habitantes. A diferencia de los modelos examinados previamente, Nueva Zelanda es una potencia agrícola y fue en el 1893 el primer país en el mundo que le concede el voto a las mujeres.

En las exportaciones neozelandesas predominan los productos agrícolas y los manufacturados con base en la agricultura, la minería y la explotación de los bosques. El ingreso per cápita de Nueva Zelanda es el doble del nuestro y tiene una composición étnica muy diversa en la que el 70% de su población es de origen europeo, 8% maorí, 6% asiática y 4% de otras islas del Pacífico. De acuerdo con Juan Lara a pesar de su tamaño territorial, Nueva Zelanda sí es comparable con Puerto Rico porque tiene una economía pequeña, abierta y orientada a la exportación, aunque a diferencia de nosotros no enfatiza en la inversión extranjera.

Por último, Soberanías exitosas discute el caso de Estonia, un pequeño país europeo con solo 1,300,000 habitantes, el cual estuvo bajo dominación danesa, sueca, prusa, rusa y nazi y formó parte desde 1940 de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Aunque adquiere su soberanía en 1991, Estonia se convierte en muy poco tiempo en uno de los países más prósperos y avanzados del mundo.

Estonia es la más pequeña de las repúblicas bálticas y el 1º de mayo de 2004 ingresó a la Unión Europea. De acuerdo con Francisco Catalá, el crecimiento de Estonia ha sido descomunal. Su producto interno bruto para el 2005 fue de 10.5% y de 11.8% en el 2006. Además, contrario a Puerto Rico donde existe una generación bien educada sin oportunidades de progreso, en Estonia la educación está armonizada con las oportunidades de empleo.
Además de discutir las economías de los seis países estudiados, Soberanías exitosas contiene varias tablas de indicadores económicos en las que se puede comparar el desempeño de los seis países estudiados con el de Puerto Rico. También, se incluyen varias columnas de Ángel Collado Schwarz publicadas en el Nuevo Día, una de las cuales tiene el sugestivo título de “La novia que no quería casarse”. En ella, el autor discute “las diez señales significativas que la metrópoli nos ha enviado durante un siglo”para decirnos que no quiere incorporar a Puerto Rico como Estado de la Unión.

La conclusión de esta columna es contundente, en ella Ángel Collado Schwarz afirma:
“La estadidad está disponible para los puertorriqueños que quieran reubicarse en Estados Unidos. Puerto Rico tiene sólo dos opciones reales de definición: el territorio o la soberanía.

Precisamente, por ello el autor concluye en otro tono y con otras palabras:
“la novia no quiere casarse. Y nos lo lleva repitiendo por más de cien años. Es indigno seguir en el sueño del olvido esperando a que la novia pueda algún día cambiar de parecer.”

Como no cree que ese cambio de parecer puede ocurrir, Ángel Collado Schwarz se ha dedicado en los últimos años, primero a través del proceso que llevó a la publicación de los tres tomos de Voces de la Cultura y ahora con la salida de Soberanías exitosas, a tratar de levantar la autoestima del novio despechado, para convencerlo de que existe, de que tiene dignidad y personalidad propia y de que no tiene por qué suicidarse de repente o lentamente porque la novia imaginaria no quiera casarse con él.

José L. Méndez

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