Agricultura, Economía, Medioambiente

La negación de la crisis alimentaria

Por: Ángel Collado Schwarz,  Historiador, Comunicador

Mientras el mundo discute la crisis alimentaria en el planeta, en Puerto Rico importamos casi el 90%  de nuestros alimentos y el Gobierno propone utilizar en proyectos de energía renovable miles de cuerdas destinadas a uso agrícola.

Resulta irónico que en la exposición de motivos de la Ley de Tierras de 1941, firmada por el gobernador Tugwell,  se declare que la tierra debe “ser considerada como fuente de vida, de dignidad y de libertad económica”.  .

Es encomiable la promoción de energía renovable, pero de nada nos sirve la energía si no tenemos alimentos.  Paneles solares y molinos de viento pueden colocarse en terrenos que no sean para uso agrícola.

Una de las amenazas más peligrosas  que enfrenta la humanidad en el siglo XXI es la escasez de alimentos, causada por una serie de eventos económicos, medioambientales y políticos.

Tradicionalmente, los gobiernos de los países subdesarrollados han desatendido el sector productivo rural, desincentivando la producción de alimentos y motivando la producción de otros productos para exportación.

La falta de políticas agrícolas se complica con las posiciones de Organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) de enfatizar  el principio de la competitividad: si no es competitivo no aporta capital y se debe desestimar.

La agricultura ha sido afectada por los cambios climáticos causados por el calentamiento global y fenómenos como incendios y sequías.

Otro factor que ha afectado la producción de alimentos ha sido el alza en los precios del petróleo, lo cual motivó que países cuya base es la agricultura comenzaran a producir biocombusible de la caña de azúcar y el maíz.  Esto disminuyó la oferta de alimentos y generó un alza en el precio.

Por último, la demanda creciente de China y la India ha provocado un aumento significativo y duradero en los precios de los alimentos.  Peter Brabeck declara en el Financial Times: “El aumento de los precios de los alimentos no refleja solo factores temporales, sino cambios en la propia estructura de la oferta y la demanda, por lo que sus efectos no son coyunturales, sino de larga duración”.

La Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), organismo de las Naciones Unidas, ha alertado sobre la industria alimentaria, que vive “en un marco de creciente demanda y de descenso en la producción”.

El Banco Mundial estima que si la población mundial crece hasta alcanzar  9,000,000,000 en el 2050,  la producción global de alimentos deberá crecer un 70% para  alimentar a los seres humanos del planeta.

Este escenario tétrico es lo que debe detonar en Puerto Rico la creación de un plan para la autosuficiencia alimentaria. El concepto lo lanzó el último gobernador estadounidense, Rexford Guy Tugwell, quien comentaba que Puerto Rico tenía una tierra y clima idóneos para la agricultura.  Teníamos que desarrollar la agricultura a la par con el programa de industrialización.

Puerto Rico puede comenzar a caminar en esa dirección examinando las fuentes de la oferta y la demanda de los alimentos.

En el caso de la oferta, el gobierno debe  maximizar el uso agrícola de sus terrenos destinados para esos fines.  Se debe incentivar la producción de los terrenos agrícolas privados y penalizarse con altos impuestos a los dueños de terrenos agrícolas baldíos.

En el caso de la demanda, el gobierno de Puerto Rico puede generar una demanda permanente de productos agrícolas, sin costo adicional para el pueblo, imponiendo el consumo de productos agrícolas locales en las más de 500,000 bandejas diarias de los comedores escolares, y en las prisiones y los hospitales.

Otra opción es continuar negando la crisis alimentaria, ver el precio de los alimentos escalando y esperar el día que ya nadie pueda exportarnos alimentos y nos topemos con nuestros terrenos agrícolas urbanizados, con paneles solares o con molinos de viento.

21 de abril de 2012

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