Economía, Educación

Los políticos NINI

Por Silverio Pérez

Sabíamos que existía pero El Nuevo Día del domingo pasado lo reveló con números y la realidad nos golpeó la cara: hay una generación de jóvenes, que este año debe rondar los 350,000, que Ni estudian Ni trabajan y viven su vida en un vacío existencial que sólo llenan con antidepresivos o uniéndose al mundo del crimen organizado. Son hijos de la dependencia, de sus padres y/o del gobierno y son un espejo del sistema que han creado los políticos NINI, esa nueva generación de políticos que Ni fu Ni fa.

Los políticos NINI, ni tienen un proyecto de país ni dejan que los que lo tienen tengan la oportunidad de ocupar posiciones de poder para ponerlo en práctica. Llegan al gobierno montados en la consigna de “una sola cruz debajo de” la insignia de su partido y por cuatro años son deambulantes mantenidos por el pueblo de los que sólo nos enteramos cuando hacen barbaridades al estilo de Rodríguez Traverso y Luisito Farinacci.

La generación de los jóvenes NINI es una carga social y económica para nuestro país, un país que tiene la tasa de participación laboral más baja del hemisferio. Es obvio que sus representantes en la política nunca van a producir las ideas ni los cambios necesarios para acabar con este dramático problema que hace que una generación en la edad más productiva no produzca. Si no queremos tener una generación de jóvenes NINI tenemos que sacar del poder a los políticos NINI.

Los estudiosos de estos fenómenos sociales ubican en la década del setenta ese momento en que Puerto Rico enfiló su proa hacia la dependencia, sustituyendo el desarrollo económico por el crecimiento económico a como diera lugar. Si a eso le sumamos que, en una colonia, lo más que pueden hacer los administradores es usufructuar los recursos de la misma, pues no tienen el poder de hacer los cambios verdaderos que se necesitan, entonces entendemos el porqué del surgimiento de la generación de políticos NINI.

Si Puerto Rico fuera Egipto, con lo que ha pasado en la última década y, sobretodo, en los últimos dos años, estaríamos en la calle exigiendo la dimisión de esta dictadura de los NINI que ha producido la improductiva “década perdida”. Pero a Puerto Rico la situación no le duele lo suficiente. Tal vez nos hemos creído que esto de votar cada cuatro años en contra del NINI de turno es suficiente. No nos engañemos, los NINI son producto de la infraestructura creada y si no se cambia esa infraestructura estaremos cambiando un NINI con cara de bobo por un NINI con cara de modelo, pero NINI al fin.

Con esta nueva óptica mire usted los periódicos y se dará cuenta que los mismos están llenos de “niniadas”. El virtual candidato a la gobernación de uno de los dos partidos de los NINI, que había optado por no opinar porque “calladito se veía más bonito” no hizo más que abrir la boca y metió la pata y, en medio de una crisis económica, social y política como la que padecemos, llevó al país a la discusión de las fresitas. Del otro bando NINI, seducidos por la superficialidad, sacaron el tema de que el ataque del NINI rojo era sexista contra la Primera Dama azul convertida en la Mujer Maravilla de la Notaría. Una de las “niniadas” más espectaculares la produjo Albita Rivera, que había rasgado sus vestiduras por el atropello sexista del virtual candidato, pero defendió al policía que le tocó deliberadamente los senos a una estudiante al momento de arrestarla.

Desgraciadamente, en estos momentos, Puerto Rico no es Egipto y lo único que tenemos en común es que, al igual que ellos, tenemos nuestra propia momia. La nuestra está en la Universidad. Me refiero a la que siempre ha estado en el Museo, no en el Jardín Botánico.

Está claro y es urgente que más temprano que tarde nos tenemos que sacudir de la dictadura de los políticos NINI.

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