Derechos humanos, Educación

¡Con las patas!

Por Silverio Pérez, publicado en El Nuevo Día.

Hay dos formas de resolver un conflicto: con las patas o con el intelecto. No es casualidad que las patas y la cabeza estén en extremos opuestos del cuerpo. Lo opuesto a resolver las cosas a patadas es resolverlas con el pensamiento. La política pública del presente gobierno sobre el conflicto en la Universidad de Puerto Rico la estableció nada más y nada menos que el Secretario de la Gobernación cuando dijo que había que resolver las protestas de los estudiantes y profesores a patadas. Cónsonos con esa metodología se contrató a un especialista en patadas, el ex luchador Chiqui Star, para que de esa forma resolviera el conflicto.

En Puerto Rico se puso de moda hace algún tiempo la frase “estás bregando chiqui star” cuando alguien te traicionaba porque esa era la marca de fábrica de Chiqui Star como luchador. La administración actual de la Universidad, en lugar de nombrar economistas, sociólogos y planificadores para atender las propuestas de profesores y estudiantes ante la insuficiencia de fondos de la institución, nombra a Chiqui Star para que resuelva a patadas. Éste a su vez contrata jóvenes desempleados, de la calle, impuestos a dar patadas y palos, en el mejor de los casos, y los pone a enfrentarse con los jóvenes universitarios que lo único que piden es una Universidad pública, accesible a todos.

Esta acción de enfrentar el lumpenismo contra la razón obtuvo de inmediato la aprobación del programa lumpen por excelencia de este país: La Comay, quien pidió que los mozalbetes le rajaran la cabeza a los estudiantes ya que así se resolverían los problemas en la UPR. Como la prensa denunció esta maniobra, entonces, minutos después de que se terminara el paro, metieron la Policía Estatal en el Recinto y quedó así retratada esta absurda situación: los policías dentro del campus y los estudiantes y profesores afuera.

En un valiente editorial, este periódico calificó de estrepitosa admisión de fracaso la decisión de la Administración de la UPR de llamar a la policía a ocupar el campus. La marcha convocada por la comunidad docente y decente de la UPR fue una demostración que aquí la minoría son ellos, los que quieren destruir nuestra Universidad. El pueblo se tiró a la calle, un domingo por la tarde y se manifestó masivamente en contra de la política de las patadas. ¿Por qué los que apoyan la política de las patadas no convocan a una marcha de apoyo, a ver si les va gente?

Este gobierno ha pasado del desprecio al odio por todo lo que representa nuestra Universidad. Es el odio reflejado en el “such is life” de Jaime González y en las crápulas de Cheo Madera al inicio de esta administración. Es el odio fascista contra las comunidades pobres, contra los que se oponen al gasoducto, contra la disidencia. Se agarran de los encapuchados -que muy bien podrían ser agentes encubiertos, al estilo Alejandro González Malavé, para justificar la intervención policiaca- pero se olvidan de los encapuchados azules que tomaron por asalto el Tribunal Supremo, cerraron las gradas al pueblo en el Senado, atropellaron a los de Villa del Sol, la emprendieron contra el Caño Martín Peña y han convertido la Junta de Síndicos en un comité de barrio del PNP.

El problema de la UPR va mas allá del issue de la cuota. Es un problema de insuficiencia de fondos para que opere como debe ser. El presupuesto intentaron cuadrarlo eliminando clases, aumentando el número de estudiantes por sección y quitándole fondos a investigaciones y programas educativos. Mientras, se gastan 16 millones en seguridad al estilo de Chiqui Star y otros millones en bufetes de abogados de los amigos del gobierno de turno. Que quede claro: con policías estatales adentro no puede haber clases en la UPR. Sería admitir que la filosofía de las patadas ha dominado sobre el uso de la razón.

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