Economía, Soberanía frente al colonialismo

Jaime Martí comenta el libro “Soberanías Exitosas”

“Nos ha hecho creer, muy convenientemente, que sin ese mantengo federal, no somos nada ni nadie. Que no somos capaces de, mediante nuestro propio esfuerzo y sudor, labrarnos un futuro no sólo digno políticamente, sino económica y socialmente saludable, próspero y estable, como lo han hecho, entre otros, las seis Soberanías exitosas a que hace referencia el libro que esta noche estamos presentando”

Ponencia de Jaime Martí en presentación libro “Soberanías Exitosas” de Ángel Collado Schwarz

Librería Borders, Plaza Las Américas
22 de enero de 2009

Debo comenzar por aclarar que no soy político ni miembro de niguno de los partidos políticos, por lo que mis expresiones son producto de mi independencia de criterio. Como cuestión de hecho, creo que han sido precisamente los partidos políticos, todos, los principales responsables del estado de deterioro en que se encuentra nuestro País. Los dos partidos principales, por montar y mantener un concurso de quién trae más dinero de los Estados Unidos a Puerto Rico, con el único propósito de comprar votos para ser el administrador de turno del presupuesto de la colonia. El resultado de esta ‘’estrategia’’ ha sido crear y promover una cultura asistencialista, raíz de los mayores problemas que sufre el País. El partido menor, por asumir posturas cuyo resultado sólo ha sido el de participar electoralmente de manera simbólica y no sustantiva.

En segundo lugar, me siento honrado de participar junto al doctor en sociología, José Luis Méndez, académico por excelencia, quien gentilmente me ha permitido presentar en primer turno. De esa manera disfrutarán ustedes de lo mejor de esta noche para el final. También me brinda la oportunidad de comunicarles que a través de cuatro décadas he dedicado mi vida profesional a concederle crédito a cientos de miles de puertorriqueño(a)s para que les haya sido posible adquirir su automóvil, instrumento imprescindible para procurar su ingreso. En ese proceso he tenido la dicha de conocer como vive el puertorriqueño de todos los niveles socio-económicos, cuáles son sus necesidades y sus aspiraciones y cuántos de ellos laboran arduamente dentro de las escazas oportunidades de empleo que en términos relativos hay en Puerto Rico en la empresa privada. He conocido también a muchos hermanos y hermanas puertorriqueñas que viven en niveles precarios de escasez económica y que merecen recibir apoyo. Pero lamentablemente he conocido igualmente a quienes pretenden vivir de la dádiva y no trabajar. Así que mi respeto al que siendo capaz trabaja arduamente, y al que no siéndolo reciba el apoyo que necesita y mi rechazo enérgico al que pretende vivir directa ó indirectamente de los demás.

En mi juicio, este libro que ya ha dado mucho de que hablar, a juzgar por la rapidez con que se agotó su primera edición, invita a la reflexión sosegada y objetiva sobre la posibilidad real que es el logro de la Soberanía para Puerto Rico. A través de las entrevistas que Angel le hace a los distinguidos doctores en economía, Francisco Catalá y Juan Lara, se brindan datos específicos de cómo estos Países se ”destetaron” de sus respectivas metrópolis, logrando con visión y planificación, alcanzar la plenitud de desarrollo económico y social que produce un conjunto de factores, siendo el protagónico, el reconocimiento y ejecución de una ética de trabajo que enaltece y dignifica al ser humano, al éste hacer por sí mismo todo aquello de que es capaz.

Existen varias diferencias entre las circunstancias de las seis Soberanías exitosas y las de Puerto Rico, siendo la fundamental de éstas, el que en aquellas, luego de haber agotado el esfuerzo propio, se está dispuesto a recibir apoyo, es decir, complemento, para el logro de las necesidades de los ciudadanos de cada uno de esos Países, mientras que en Puerto Rico, los líderes políticos de los dos partidos principales, en su proceso infame de cacería de votos, glorifican el recibir ayuda federal como un modo de vida normal, desincentivando el esfuerzo propio e invitando al ocio, a la evasión de la responsabilidad fiscal y peor aún, a servir de modelo de conducta a los hijos y a los hijos de los hijos, perpetuando así la cultura asistencialista.

Se dice que las oportunidades no existen, hay que crearlas. Ciertamente parece que el amigo Angel Collado ha creado esta oportunidad, pues el tema del libro, seis modelos para el desarrollo económico de Puerto Rico, no podía haber salido a la luz pública en un momento más oportuno que éste, donde atravesamos en nuestro País, en los Estados Unidos y en el Mundo en general, por uno de los períodos económicos más negativos de la historia moderna. También se dice que las adversidades son oportunidades viradas al revés, y la situación actual nos plantea la disyuntiva entre seguir hundiéndonos en el abismo económico, social y moral al que nos ha traído la creciente dependencia económica y la subordinación política, ó aunar voluntades inquebrantables en presentar un plan objetivo y estructurado que haga posible la Soberanía de nuestro País, para beneficio no sólo nuestro, sino del colonizador, los Estados Unidos de América.

Precisamente, esta noche, desde mi perspectiva prágmatica de un empresario puertorriqueño comprometido con el bienestar económico y social de mis hermanas y hermanos puertorriqueños, les hablaré más adelante del porqué la vía más efectiva para lograr la soberanía de Puerto Rico reside en la presentación a los Estados Unidos y a las Naciones del Mundo que se quieran convertir en nuestros aliados, de un plan objetivo, que haga sentido económico para ambos Países, a través de un período de tiempo, determinado por acuerdo común. Sólo así captaremos la atención y nos ganaremos el respeto no sólo de los Estados Unidos, sino del resto del mundo. Un plan con datos concretos y objetivos que sean el fundamento de una negociación económica/comercial con la metrópoli.

Si sobre algo debemos estar claros es que hace ya tiempo dejamos de ser un bastión militar por virtud de nuestra posición geográfica. Ahora sólo somos, principalmente, un País con el cuál a los Estados Unidos le es conveniente tener una relación comercial que les provee contribuciones sobre las ganancias que sus corporaciones establecidas en Puerto Rico obtienen de dicho comercio, en un Mercado cautivo como resulta ser el de Puerto Rico. De esta forma el Tesoro Federal se resarce de una gran parte, sino de todo el monto de las denominadas ”ayudas” federales. Por supuesto, me refiero como ”ayudas”, a las transferencias federales que no incluyen aquellas que constituyen obligaciones, hacia los ciudadanos de su País que residen en Puerto Rico, tales como el seguro social, las pensiones a veteranos de su ejército, etc.

Para lograr la Soberanía de Puerto Rico, hay que comenzar por reconocer nuestra realidad histórica y nuestra situación actual. A partir del año 1898, en el que fuimos invadidos militarmente por los Estados Unidos, pasando a ser un territorio ”perteneciente a pero no parte de los Estados Unidos”, hemos sido y continuamos siendo, una Colonia de los Estados Unidos de América. Esto es un dato concreto sobre un hecho acontecido cuya veracidad es inexpugnable. La modificación de forma, repito, de forma, con la creación del Estado Libre Asociado, no ha alterado la sustancia de nuestra condición colonial. Por el contrario, en el balance , y a través de las últimas seis décadas, dicha condición ha puesto de manifiesto el que seguimos siendo peones que cada día más sufrimos de una autoestima ya casi inexistente, producto de habernos ”acostumbrado”, como modo de vida ”normal y conveniente”, al mantengo del gobierno federal. Ese mantengo pernicioso que promueve, alienta, estimula , incentiva y pretende perpetuar el ”buen negocio” que resulta el no trabajar, a cambio de unas prebendas que condicionan su mente y su espíritu a inhibirse de ejercitar la más fundamental de las libertades del ser humano, la libertad de escoger con quién , cómo y cuándo se relaciona con otros Países, otras culturas , ampliando así su marco de acción tan necesario para el desarrollo económico y social a plenitud.

Queridas amigas y amigos, vivo convencido de que no hay peor mal que un ser humano le pueda ocasionar al otro que hacer por él ó por ella aquello que el ó ella sean capaces de hacer por sí mismos. En eso se fundamenta el gran mal que la relación colonial le ha hecho a Puerto Rico. Nos ha hecho creer, muy convenientemente, que sin ese mantengo federal, no somos nada ni nadie. Que no somos capaces de, mediante nuestro propio esfuerzo y sudor, labrarnos un futuro no sólo digno políticamente, sino económica y socialmente saludable, próspero y estable, como lo han hecho, entre otros, las seis Soberanías exitosas a que hace referencia el libro que esta noche estamos presentando.

Mi convecimiento de que un enfoque pragmático ha de ser mucho más efectivo que los utilizados en el pasado, lo valida precisamente en que la médula de la relación actual con Estados Unidos es una de carácter principalmente económica/comercial, y como tal, al igual que en los negocios, el tema debe ser tratado por sus méritos de naturaleza objetiva y no por sus agravantes de índole emocional. Me parece que es tiempo de dejar de ser sumisos, de creernos incapaces, de comenzar a ser firmes y consistentes en el reclamo a que nos invitan nuestras convicciones, no nuestras aparentes conveniencias momentáneas. A la misma vez, creo que es también tiempo de dejar a un lado los; ”Yankee go Home”, etc., en referencia al País con quien nuestra realidad nos impone negociar nuestro futuro. No es posible pretender logros positivos, dirigidos hacia la consecución del objetivo, convertirnos en un País Soberano, si en el proceso pretendemos hacerlo lanzando epítetos, insultos y frases emotivas que nada logran en concreto, más allá que momentáneamente enardecer a un pequeño grupo que aún cree que con ese estilo pueden motivar algún cambio en las relaciones políticas con los Estados Unidos. El fraccionamiento y las luchas entre las diversas agrupaciones que favorecen la independencia, ha hecho de ésta, una sin representación electoral y más aún, sin el favor de la inmensa mayoría del pueblo. Los hechos han sido más elocuentes que las palabras sofisticadas que algunos líderes del independentismo partidista han pronunciado, pareciendo éstas más producto de una fuerte arrogancia intelectual que del interés práctico de adelantar la causa que les motiva, habiendo obtenido como su mayor logro, el haberse perpetuado en la nómina que les proveen los dineros del fondo electoral.
Hay que aceptar una gran realidad; ya no existe ningún País independiente. La globalización, especialmente la económica, ha hecho de la comunidad de Países Soberanos que componen el mundo, una Comunidad de Países Interdependientes. Se necesitan unos a otros, comercian unos con otros, se apoyan unos a otros. Para lograrlo, se requiere un denominador común, han de ser Países Soberanos, no Colonias de otros. Es de la única forma que se pueden establecer alianzas económicas, culturales, educativas, tecnológicas, etc. De ahí, que quienes estamos convencidos de que la Soberanía es el camino más conveniente para Puerto Rico, reconocemos en los Estados Unidos, no un adversario ni un enemigo, sino uno de los principales Países con quienes queremos mantener las mejores relaciones políticas y económicas, pero sin menoscabo a así hacerlo de igual manera con otros Países Soberanos y Democráticos, con quienes le podamos traer mayor beneficio al desarrollo económico y social de todos los Puertorriqueños.
Nuestro País se encuentra muy divido en cuanto a preferencia de status político en relación con los Estados Unidos. Es precisamente esa división entre nosotros la que los Estados Unidos ha utilizado de forma sagaz para evadir, posponer y no enfrentar el grave problema que la condición colonial nos impone. Eso es así, por una razón simple, a Estados Unidos le ha convenido el tipo de relación que tenemos. Si no fuese así, hace mucho tiempo habrían propiciado el cambio que más les hubiese convenido ó menos les hubiese perjudicado. Por eso es que el Congreso nunca ha promovido la Estadidad, algo que para ocurrir está en manos exclusivas de ellos, de nadie más. Y es que ni tan siquiera la contemplan con razón. A quién se le ocurriría darle entrada permanente a su casa a cuatro millones de personas, de las cuales la mayoría, consistentemente, ha estado y está en contra de querer diluirse a sí mismo dentro de otro País.
Reconozco que en nuestro País uno de cada cuatro son Puertorriqueños nacidos y criados aquí, pero que através del tiempo, en gran parte por la conducta aprendida de sus padres y/o familiares u amigos, se sienten ser norteamericanos con preferencia de continuar residiendo en Puerto Rico. Para ellos, estadistas por la influencia del miedo a las alternativas , por convicción ó por la razón que sea, existen cincuenta alternativas de lugares de residencia dentro de los Estados Unidos. Debo señalar además que esa cifra puede aumentar a uno de cada tres, cuando añadimos a los extranjeros latinoamericanos que residen aquí procedentes de regímenes totalitarios y/o donde la pobreza ó falta de oportunidad les oblige al exilio.
La gran mayoría de nosotros no queremos dejar de ser quienes somos. Lo que sí ocurre es que a la mayoría dentro de esa mayoría, se les ha inculcado que bajo el sistema que tenemos es como único pueden subsistir. Sus voluntades están viciadas por el mito del miedo, de que se es incapaz, excepto para consumir, consumir, y consumir los productos que casi exclusivamente importamos de los Estados Unidos. Para eso sí servimos. Para no estar en posición de negociar nuestras mejores opciones con cualquiera otro que nos dé mejor precio y condición. En el campo a eso le dicen; ‘’pelea de león contra burro amarrao’’.

La estadidad no es una opción viable porque la gran mayoría la rechazamos. Además, porque el único que tiene el poder para otorgarla la quiere menos no sólo por razones culturales, raciales, y de varias índoles, sino porque simplemente no les conviene económicamente, ya que de convertirse Puerto Rico en estado, este sería uno de mayor mendicidad que bajo el estado colonial. Es por eso que mientras no se les presente una alternativa de mutua conveniencia, con respeto y dignidad, los Estados Unidos no habrá de hacer nada.
Dejemos ya de tanto hablar conceptualmente y arrollemos las mangas de trabajo de forma concreta y específica, que talento nos sobra para hacerlo. Somos nosotros los que tenemos que ser agentes promotores del cambio inminentemente necesario si queremos paralizar el deterioro creciente de la colonia llamada Estado Libre Asociado, que un líder ya pasado de su tiempo, pero con intenciones de reverdecer, pretendió rebautizar con el nombre de “Déficit de Democracia”. Comencemos a trazar una nueva ruta de desarrollo económico y social que nos permita a aquellos que estemos dispuestos al trabajo y al sacrificio, a quedarmos aquí en nuestra tierra en un ambiente de verdadera justicia social e igualdad de oportunidades, donde quién más esté dispuesto a hacer por sí mismo logre el éxito de ser Soberano individualmente y contribuya a que el País lo sea colectivamente. El principio es bíblico; aquel que siendo capaz no trabaje, que no coma. Es la obligación de cada uno procurar su sustento y el de su familia, y además , compartir de sus haberes con aquellos que verdaderamente no tienen la capaciadad física y/o mental para valerse por sí mismos. Hay que trabajar. Es hora de acabar con el mantengo. No se equivoquen, el mantengo no es de gratis como los partidos principales nos han querido hacer creer. El costo es tan oneroso que equivale a regresar a los tiempos de la esclavitud. Porque no lo duden, no hay mayor esclavitud que la económica.
Para aquellos que piensen que lograr la Soberanía de Puerto Rico es misión imposible, les recuerdo que hace apenas dos días se materializó la juramentación, como Presidente de la Nación a la que algunos quieren pertenecer, de un ser humano al que nadie le veía posibilidades de llegar a esa posición porqué Dios al crearlo, tomó el pincel y escogió para la piel de él , su hijo amado, un color que para los prejuiciados, llenos de desprecio por quienes no son como ellos, le hacía no cualificar. Si eso ocurrió, que la Soberanía de Puerto Rico se materialice comienza a ser cada día una mayor posibilidad. Todo lo que hay que hacer es comenzar a trabajar para lograrlo de forma objetiva, sin apasionamientos, demostrando las capacidades extraordinarias del talento puertorriqueño.
No habrá legado más valioso para nuestros hijos y nietos que modelarles el principio de que siendo uno capaz, es indigno y vergonzoso el que otro le mantenga para controlar su voluntad y al final del camino, lo más preciado, su libertad.

Que Dios bendiga a Puerto Rico en el sendero hacia su inserción en el mundo de Países Soberanos Exitosos.
Muchas gracias!

Jaime Martí

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